viernes, 16 de mayo de 2014

Los tests de cociente intelectual: por qué no creo en ellos




(dicho sea todo esto con la mayor humildad de un opinador aficionado)


Todos lo hemos visto alguna vez, creo. Estás navegando, abres una página y de repente te asalta un pop-up ofreciéndote un test de cociente intelectual. Lo normal es que luego te pidan el número de teléfono para enviarte los resultados -¡vaya!-. Supongo que mucha gente los hace. Tiempo atrás Facebook presentaba en el margen de promociones una página de contactos en los que contaba el CI dentro del perfil de los usuarios: te registrabas, y en ese registro venía incluida una prueba de ésas. También es común encontrar artículos en los que se hace una especie de medición retrospectiva de CI para grandes personalidades históricas. Ejemplos: a Napoleón se le atribuía, un decir, 180 puntos de CI, y a Goethe 190, y a Mozart 150. La pregunta subsiguiente vendría a ser ¿cómo lo han calculado? Porque de aquéllas no existían esos tests. Pero eso no tiene verdadera importancia. Lo importante es ver cómo, en cierta manera, ese tipo de cábalas acerca de lo que darían de sí los prohombres de otrora viene a rellenar un hueco molesto.

Ese hueco molesto se puede enunciar de una manera muy sencilla. El test clásico por antonomasia es el famoso Stanford-Binet, establecido en California por Lewis Madison Terman en los años diez del siglo pasado sobre la base de un test francés previo, el Binet-Simon. Pues bien, antes de que apareciese ese famoso test, en apenas un par de siglos en Occidente se habían inventado el ferrocarril de vapor, el teléfono, el telégrafo, la vacunación, el avión, la bombilla eléctrica, la máquina de rayos X, la anestesia, se había hallado el cero absoluto, se había establecido la tabla periódica, se habían descubierto los grupos sanguíneos, la radioactividad, el electrón, los dinosaurios fósiles, la electrólisis, la división celular, las hormonas, se habían formulado la teoría de la evolución de las especies, la teoría atómica moderna, la entropía, las células sexuales, el electromagnetismo, las vitaminas, los gérmenes, los plásticos, la deriva continental, el germen de la mecánica cuántica, la relatividad especial y la transitividad materia-energía, entre otros muchos avances. Todos esos avances no necesitaron en modo alguno una medición por tests de CI para su efectividad. Por tanto, parecen ser perfectamente prescindibles. Entonces ¿por qué existen? ¿Y qué utilidad se les atribuye?

Alrededor de los tests de CI se ha generado un folclore bastante elocuente, cuya traducción popular más destacada es el ansia por encontrar niños superdotados. Ese interés ha adoptado las formas más diversas, incluyendo ponerles música clásica durante la gestación. Pero donde más se ha notado es en la cultura popular, en virtud de una proliferación realmente tremenda de chiquillos geniales en películas, series y spots publicitarios.

Imagen: Disney.

La niña superdotada Gretchen de "La banda del patio", serie del emporio californiano Disney, sería un ejemplo famoso, al igual que la celebérrima Lisa de "Los Simpson", de la californiana Fox, o  el Annakin Skywalker de la saga californista Star Wars, también distribuida por la Fox, criaturas con capacidades que rozan lo mágico y sobrenatural, y que en el ámbito new-age se han sustanciado en la categoría californiana de los niños índigo, ya comentados en otro texto del blog. Seguramente influirá la baja tasa de reposición de las naciones occidentales, que compensan el bajo número de niños con cierta sobreprotección, algo que he leído que también ocurre en China, desde que está implantada la política del hijo único. Cada poco tiempo aparece en la prensa la noticia de que un niño o una niña de muy corta edad tienen un CI mayor que Einstein -a quien se le atribuye una puntuación de 160, si bien tengo entendido que posiblemente nunca se hizo el test ni necesidad que tuvo de hacerlo-.

Estas pruebas son muy socorridas, porque su lectura resulta muy sencilla: un mero número de dos o tres dígitos. En el ámbito de psicología de la empresa, esa sencillez juega a su favor, pues permite cribar de un modo rápido y fulminante a una muchedumbre de candidatos para los puestos ofertados evitando una evaluación clásica más lenta y costosa, además de menos nítida en sus conclusiones. Eso facilita tareas igualmente a la administración pública, que para proveer los puestos de los grupos más bajos suele recurrir a exámenes tipo test y a psicotécnicos, por su esquematismo, su ausencia de complicaciones y la ecuanimidad y velocidad con que se corrigen por mera lectura de escáner -curiosamente, y conviene retenerlo, para puestos más cualificados se tiende al examen clásico, de exposición del temario por el opositor-. Asimismo, para parte de la población tienen su componente de juego y de curiosidad, de "morbo", aderezado con comentarios como "anda, tengo más CI que el famoso tal" o "te gano por cinco puntos, ja ja".

Personalmente, a mí esas pruebas de medida intelectual me producen una considerable aversión. La inteligencia humana es algo excesivamente complejo, hondo y desafiante como para reducirla a una cifra, a una sola, y que la presunta medida de nuestra capacidad pivote obsesionada alrededor de esa cifra. Es pretender que sea simple algo que no puede ser simple. Voy a poner un ejemplo de los míos.

Supongamos que se está seleccionando a un grupo de atletas neófitos para la prueba de decatlón. No sabemos nada de ellos, ni sus marcas ni nada. Simplemente son jovencitos aficionados al deporte que han acudido a nuestras instalaciones a probarse a sí mismos, a ver sus marcas, a comprobar si valen para esa práctica deportiva. Bien, pues supongamos que a ese grupo le ponemos primero con la prueba de los 100 metros lisos. Como sabemos, en el decatlón la clave está en desempeñarse bien en las diez pruebas que lo componen, sin la necesidad de revelarse como un crack en una prueba en concreto. Bueno, pues cuando hacemos la prueba de los 100 metros a los chavales, nos encontramos con una sorpresa morrocotuda: uno de ellos ha bajado de 10 segundos.

Veamos las consecuencias de esa marca. ¿Se suspende el resto de las pruebas para esa persona, dando por hecho que va a dar registros similares al de la prueba de velocidad? No. Los cracks de esa prueba concreta exhiben una complexión muy distinta de la de los grandes saltadores de altura. Ni garantiza que lancen bien la jabalina. Ni siquiera que tengan la suficiente resistencia para brillar en los 1500. ¿Se piensa en este atleta como en la próxima figura del decatlón? Tampoco. Más bien al contrario, se le sugiere que se especialice en 100 metros lisos, en la que está en condiciones de ser figura mundial y de forrarse por el camino.

Ahora veamos un ejemplo asociado a la inteligencia, una especie de hecatlón. ¿Por qué cien pruebas? Porque la inteligencia humana es mucho más variada. Esa inteligencia se manifiesta para erigir edificios, hacer negocios, componer música, inventar historias y mil cosas más, pero dejémoslas en cien. Si llegase un extraterrestre aquí y le dijéramos que muchos terrícolas creen que la inteligencia se mide con un test de triangulitos y sucesiones numéricas, se pasmaría. ¿Por qué ese test y no el ajedrez o los sudokus?, pensaría -y eso que los japoneses están inventando pasatiempos de mesa todo el rato (I)-.

Supongamos que el test clásico de CI está incluido en ese hecatlón. Supongamos que alguien de un grupo que afronta el hecatlón intelectual consigue una puntuación elevadísima en la prueba de CI. ¿Qué conclusiones hay que extraer de eso? ¿Que se acaba ahí el hecatlón? ¿No será más bien que hay que completarlo para obtener una visión más panorámica, y más ponderada, de la inteligencia de los participantes, entre ellos la de quien obtuvo ese gran resultado parcial?

Lo bueno del decatlón físico es que nos ofrece al atleta más completo, más compensado, más polivalente. Y a quien se sale del mapa en una prueba individual se le espolea para que se especialice en ella y se olvide del decatlón. Bien, ¿por qué no se sigue esa misma lógica con el que logra una gran puntuación de CI? ¿Por qué no se le dice "tú dedícate a completar series de números y triangulitos que eso es lo que se te da bien"? ¿Por qué, encima, se le presupone que está por encima de los demás incluso desconociendo sus resultados en las otras 99 pruebas del hecatlón intelectual? ¿Por qué hay quien afirma que incluso aun ofreciendo resultados lastimosos en las otras 99, la de CI es la única a tener en cuenta y de las demás se puede prescindir? ¿Cómo hemos llegado a esto?

Se alegará que quien tiene un CI estratosférico suele brillar en otros campos intelectuales. Pero aunque eso sea cierto, no impide que existan personas sin CI estratosférico que también brillen en varios campos. ¿Qué impide a un participante en el hecatlón con un resultado normalito de CI destacar notablemente en dos docenas de pruebas de las otras 99? En ese punto, el CI no cumpliría su función, que es la función habitual que se le atribuye: la de predecir la presencia de un genio. Y eso no lo hace.

Y no lo hace por una sencilla razón, porque esos tests se le realizan a gente genial después de que ha demostrado su genialidad -es decir, después de que se haya salido del mapa en otras disciplinas del hecatlón intelectual-. Un niño que a los cuatro años habla nueve idiomas, resuelve integrales y compone sinfonías es absolutamente genial, sin necesidad alguna de hacer la prueba de CI. Ésta se realiza a posteriori, cuando ya no hace la menor falta. Y le suele salir muy bien. ¿Por qué? Porque quien puede lo más puede lo menos, y quien ha entrado en esos niveles de capacidad discursiva, quien ha rayado tan alto, no puede por menos que darse un paseo militar por la prueba de los numeritos y los triangulitos. Y eso quien lo hace. ¿Qué pasa si un gran genio da una puntuación modesta de CI? ¿Es menos genio? ¿Se recurre al célebre "cuánto se ha esforzado por superar ese hándicap"? Y si se recurre a esa meme, ¿por qué no se potencia como clave absoluta el esfuerzo personal en vez del CI?

Es por eso que cada dos por tres aparecen listas muy magufas del CI de Leonardo, Bach o Euler. Porque el CI sigue a la manifestación de genialidad, pero no la predice. Es por eso que también cada dos por tres se dice una cifra distinta de CI para Einstein, como si hiciera falta saberlo. Pero esas listas demuestran con su propia existencia lo espurio que es andar estratificando a la gente por el CI, porque la gente fallecida antes de 1916 no llegó a tiempo de que se le hiciera la prueba y por tanto se llega a esas caprichosas cifras recurriendo a otros criterios, fundamentalmente la precocidad y el reconocimiento de su obra. Pero bueno, ¿no habíamos quedado en que la clave estaba en los numeritos y los triangulitos? ¿Por qué recurrir a otros criterios?

Un poco de modestia no nos vendría mal, como civilización. Creemos que hemos dado con la piedra filosofal que sabe discernir con plena exactitud quién es listo y quien es burro. También lo pensaban así hace algo más de siglo y medio, cuando el encargado de ese discernimiento en la escuela de Milan, OH llegó a la conclusión de que el niño Thomas Alva Edison era una nulidad integral. Se equivocaban, y también nos estamos equivocando nosotros, como se verá en el futuro y como algunos ya están viendo en el presente.

El psicólogo Howard Gardner, de Harvard -costa este-, focalizó la atención de la comunidad científica en la teoría de las inteligencias múltiples, expuesta en el clásico Frames of mind (1983). Para Gardner, era evidente la necesidad de ampliar generosamente la noción académica tradicional de talento, sabiendo que la inteligencia académica misma está disociada de la vida emocional o, como mínimo, no son coincidentes. La multiplicidad de la inteligencia humana incluía la capacidad verbal, la aptitud lógico-matemática, la capacidad espacial, las dotes musicales, la cinestesia y una suerte de habilidades para comprender las relaciones entre seres, la naturalista -sea entre especies, cosas, grupos-, la interpersonal entre humanos -donde destacan el liderazgo, las relaciones amistosas, la solución de conflictos y el análisis social-, y finalmente la intrapsíquica, que es la de cada uno de nosotros consigo mismo, en la que cuentan el reconocimiento de las propias emociones, la capacidad de controlarlas, la automotivación, la empatía al reconocerse en emociones ajenas y el establecimiento de un control de las relaciones. En 1984, Gardner y Richard Feldman dirigieron el llamado Proyecto Spectrum, con alumnos de centros públicos de Massachusetts, con el objeto de ofrecer un enfoque renovador de la evaluación académica. La conclusión del estudio afirmaba que otros tipos de evaluación rigidos, como la del test Stanford-Binet, no eran válidos para pronosticar el éxito de un alumno en relación con un conjunto coherente de actividades.

Yendo más allá a la hora de relativizar los tests de CI, en 1995 se publicó otro clásico que obtuvo mucha atención incluso por el lector medio, Inteligencia emocional, escrito por Daniel Goleman. El autor se preguntaba en su best-seller por qué había gente con bajo CI que hacía las cosas bien y a la que la vida le sonreía. A su entender, ese éxito reside en el eficaz desempeño de la inteligencia emocional, algo que el propio autor consideraba un "imperativo moral" en el mundo cultural de las últimas décadas. Esa inteligencia contiene las ideas-fuerza del autocontrol, el entusiasmo, la perseverancia y la capacidad de automotivarse. Hace hincapié asimismo en el cultivo de las relaciones y en la necesidad de empatía, cuya ausencia supone un coste muy elevado para una sociedad. Goleman cita un estudio dirigido por el nobel Kahnemann hecho entre alumnos universitarios de CI dispar, estratificado entre quienes habían elegido su carrera por el cálculo de que tendría más salida y los que la habían elegido porque era su sueño, su vocación, sin que hubiera intervenido el cálculo. Un seguimiento posterior de los 3000 universitarios encuestados reveló que aproximadamente el 10% se habían hecho ricos, y ese porcentaje estaba copado en su casi totalidad por los soñadores. La conclusión del libro no le negaba cierta validez a la prueba de CI, pero como mucho le otorgaba para tener éxito en la vida una quinta parte de importancia a la inteligencia que nos viene "de serie", y cuatro quintos a la actitud. El año pasado Goleman ha publicado Focus, dedicado a la concentración como clave del éxito vital.

Con lo que estoy diciendo no pretendo defender un tipo de educación "progre" basada en la ausencia de disciplina y de objetivos. Es obvio que estamos hablando justo de lo contrario. Una de las claves del éxito es saber ponerse objetivos. El problema es que la psicología useña venía de patrones cognitivos muy rígidos, según los cuales las emociones no son parte de la inteligencia sino estorbos que sólo sirven para confundir nuestra actividad mental. Es interesante lo afirmado por un famoso pensador español, José Antonio Marina, en su Teoría de la inteligencia creadora (1993) sobre las emociones, que define como bloques de información + valoraciones. El paradigma que diferencia el dato de la emoción está en crisis, básicamente porque parte de un postulado erróneo. Las emociones contienen datos y los manejan, a menudo con sorprendente agudeza.

A estas alturas, constreñir la inteligencia humana -tan rica, tan fértil- a una angosta franja de determinadas habilidades numéricas y/o lingüísticas, visto lo visto, es un paradigma que se está batiendo en retirada. Un ejemplo, ¿cuántas personas con 160 puntos trabajan para otras con 100? La persona de 160 está ahí, desempeñando un trabajo, porque otra de 100 tuvo el acierto de encontrar negocio y crear ocupación. Por tanto, la persona de 100 tiene unas habilidades que la de 160 pudiera tener o no, eso no lo sabemos -ni lo dice la dichosa prueba-, pero que son útiles para que esté ocupada. De modo que si mentalmente hiciéramos el experimento de clonar al de 160 y pobláramos el mundo con él, pensando que así estamos "elevando evolutivamente" nuestra especie, tendríamos un mundo lleno de parados. Y un mundo lleno de parados no logra nada. Eso no quiere decir que lo que convenga sea clonar al de 100 y llenar el planeta con sus réplicas. Lo importante no es ni el 160 ni el 100, sino la actividad que se desempeña y la colaboración entre distintas personas con sus peculiaridades y sus signos distintivos.


Bien, aun así, los medios siguen insistiendo con sus niños geniales, con su "generación Einstein", con más pelis y series y anuncios de superdotados. ¿Qué se esconde tras esto? ¿La conexión californiana, tal vez?

En 1996 se estrenó un film useño bastante flojete, "Phenomenon" (Jon Turtletaub), producido por Touchstone y distribuido por Buena Vista, tentáculos ambos de la Disney. Muchos lo consideraron una apología encubierta de la californiana Iglesia de la Cienciología, a la que pertenecía Travolta por entonces. Una señal del Espacio convierte a un lugareño no particularmente agudo en un genio desbordante, capaz de absorber toda clase de conocimientos y con dotes de psíquico, incluida la percepción extrasensorial de movimientos sísmicos.

Abundan los ejemplos de psíquicos en las ficciones que los mass media californianos nos inoculan, gentes -muchas veces niños; no recuerdo a ningún anciano, pero ya hemos comentado la idolatría hacia la juventud que predica el californismo- que con su presencia totémica, simbólica, enlazan varios de los exponentes de la nueva sensibilidad mundialista. Haced memoria y os vendrá el recuerdo de no pocos ejemplos. Esos seres de luz suscitan el contacto con el otro lado, con el mundo de los espíritus, de las voces de la Madre Naturaleza o de los avisos venidos de lo Alto, preferentemente de Venus y otros cuerpos celestes a los que se atribuyen características venusianas. También, inspiran una espiritualidad distinta de la tradicional, no adscrita a credos abrahámicos. Y asimismo suelen tener altísimas puntuaciones de CI y presumen de ser cerebritos, con lo que le dan un espaldarazo moral a los típicos nerds siliconvalleyeros, que cuando llegan a tener capacidades decisorias adoptan a menudo un papel de reformista social o incluso de referente mesiánico. Todo eso está ocurriendo. ¿A alguien le extraña que el test Stanford-Binet sea californiano? ¿Y que una de las claves del californismo sea la deificación del hombre? Ahora recuerdo otro film californista, "El cortador de césped" (1992, Brett Leonard), sobre el hombre deificado que finalmente se expande virtualmente por una red universal. Los años noventa fueron dorados para la espiritualidad del Estado Eureka.

Mi conclusión es que sí, que ese famoso test de CI mide una habilidad concreta. Y nada más. Y esa habilidad se puede practicar, mejorar y llevar muy lejos, lo que resultaría chocante. No menos chocante es lo comentado más arriba acerca de las oposiciones públicas. Cuanto más importante es el grupo, menos se recurre al psicotécnico y al examen tipo test, y más a la exposición oral o escrita de conocimientos adquiridos, sin tener en cuenta ninguna "genialidad innata". Los tests de CI, además, pueden ser contraproducentes pues podrían discriminar a gente con verdadero talento y verdadera categoría a la que no se le da demasiado bien ese tipo de juego, como puede que tampoco brillen gran cosa en el póker o el ajedrez.

Pero si una élite tecnocrática quiere detener la historia, lo primero que tiene que hacer es paralizar a los humanos, convertir nuestras sociedades en colmenas. En todas las épocas se ha intentado una sociedad estamental presuntamente perfecta, congelada en el tiempo e indiferentemente eficaz. Nuestra época no es una excepción.



(I) - Hace poco vi una imagen del sudoku que decidió el campeonato mundial de 2006, ganado por una checa tras llevarle 15 minutos resolverlo. Intrigado, copié a mano alzada el sudoku en mi moleskine. Un par de horas después fui a tomar café donde un colega, me acordé del tema, saqué la libreta de la bandolera y me puse a resolverlo, controlando el tiempo, con el hándicap de mi pésima caligrafía -líneas temblorosas incluidas- y el ruido del local. Me llevó 19 minutos. Podría haberlo dejado en 18, quizá 17, si no tuviese la p**a manía de nunca acabar ningún sudoku escribiendo un nueve, lo que me hizo perder tiempo. ¿Conclusiones? ¿Soy un supuesto genio? ¿O es que estoy habituado a hacerlos? ¿No podría pasar eso con las pruebas de CI, que se pueden entrenar como se entrenan otros juegos?



14 comentarios:


  1. Hola, precisamente hoy he estado pensando en esto. Nuestras mentes de dispares CI (el tuyo sin duda más alto) siguen conectando como antaño.

    Siempre he aceptado una cierta ambigüedad en la efectividad de estas pruebas. No creo que sean capaces de reducir todas las habilidades cognitivas de las personas en una cifra, pero sí las veo útiles para determinadas situaciones.

    Si se descompone la puntuación en áreas cognitivas, un test inelectual puede ser valioso para el asesoramiento laboral. Es decir, para guiar a un adolescente a su futura profesión, según sus habilidades (verbales, matemáticas, series repetitivas (para trabajos administrativos p.ej.,), aptitudes espaciales etc...).
    Esto debería hacerse en cada instituto público. Sería un dinero pronto amortizado en carreras a medio terminar y le ahorraría tiempo a la gente.

    Laboralmente tampoco lo veo mal. He visto usar psicotécnicos para descartar a los peores candidatos entre cantidades ingentes, simplemente porque es difícil hacerlo de otro modo sin un gran coste temporal o económico. El Corte Inglés lo tuvo que hacer recientemente, porque en medio de la crisis se le presentaban decenas de miles de candidatos. Estos tests tienden a ser fáciles, la idea es sólo descartar a los peores candidatos.
    En las pruebas siguientes de selección, ya no se usa.

    Para mí el CI es sobre todo efectivo por arriba y por debajo (puntuaciones altas y bajas). Por el medio hay todo un mundo difícil de medir, y ahí es donde el CI suele fallar.

    Pero el hecho de que no sea una herramienta perfecta no la invalida. Y a menudo sus límites son los límites de la integencia en sí misma. Un test intelectual puede medir bien la inteligencia de una persona que no logre éxito laboral por otros motivos. En ese caso, el test habría hecho su trabajo. La inteligencia simplemente no es sinónimo de éxito.

    Para terminar, dos cualidades importantes e infravaloradas: la memoria de trabajo y el individualismo.

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  2. Bueno, te agradezco el halago ;-) pero no por ello voy a dejar de discrepar, jeje.

    Pienso que en la orientación universitaria el factor fundamental debe ser la vocación, el entusiasmo, por encima de que según un test pudiera resultarle más o menos "fácil" la carrera escogida. Ése es el sentido del experimento de Kahnemann comentado en la entrada. Ahora bien, si se trata de escoger a gente para una función industrial muy concreta, ahí sí que es interesante implementar un test que tenga una relación estrecha con esa función. Que conste que yo antes pensaba así, que los tests de CI podían ser una criba fenomenal. Ahora estoy convencido de que sí, de que son una criba fenomenalmente mala.

    El ejemplo de esos famosos grandes almacenes más bien parece debido a la masificación de candidatos. Garantiza que se queda fuera mucha gente .... pero no garantiza el acierto. Sería si la inteligencia consistiera en realizar bien un test, y la inteligencia no es eso.

    Según la dogmática del CI, éste mide todo: las habilidades, la sabiduría, la intuición, el triunfo profesional, la capacidad de desentrañar secretos .... Y lo mide sin "condicionantes sociales externos". Según esto, una persona con 160 puede hacer esto y lo otro. Bien, yo conozco a gente que tienen esa cifra, o más, y que son guardias jurados o amas de casa -tests de verdad, eh, no los que le aplican retroactivamente a Galileo-, ¿dónde están las ingenierías y los satélites? Para explicar esas discrepancias los dogmáticos del CI recurren a que bueno, que depende en qué familia nazcas, en qué ambiente vives, si el profesor se da cuenta de cómo eres, etc etc, vaya, ahora resulta que los "condicionantes sociales externos" se usan como excusa.

    Eso por no hablar de quienes presumen por ahí de "tengo 170" -sin acreditarlo, claro-, como quien presume de tener pasta en el banco, esperando que le hagan reverencias. Que ya sé que no te refieres a eso, pero ahí está ese runrún social.

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  3. Añado que en efecto la memoria y el individualismo son cruciales. Entiendo como individualismo la tendencia al autoempleo. Un sistema económico que sabotee el autoempleo es un mal negocio. Curiosamente los tests parecen recursos de grandes emporios para trabajos muy específicos, algo bastante distinto.

    Y tener fe, saber motivarse, o que alguien te motive. Por ejemplo, el Atlético ganó la liga contra rivales con más presupuesto y supongo que mejores jugadores, pero la motivación, el trabajo mental, fueron la clave. El Atlético había ganado la Europa League en el 2010 y volvió a ganarla en el 2012 con un once totalmente distinto y otro entrenador. ¿Cuál era el hilo conductor? La mentalidad. Lo que suele llamarse, muy reductoramente, "la camiseta". Las batallas se ganan, y se pierden, en la mente.

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  4. Ciertamente la vocación es la mejor guía... si tienes una. Yo nunca tuve esa suerte e imagino que tú a los 18 años no preveías tu trabajo actual.
    En ese sentido trabajar en algo para lo cual tienes una habilidad, te hará trabajar más rápido y trabajar mejor (lo que en definitiva tiende a significar ganar más dinero). Además creo que hay una cierta relación entre hacer algo bien y disfrutar haciéndolo.

    Por otro lado hablas de la dogmática del CI, pero la mayoría de gente relacionada con la producción de estos con los que he hablado o a los que he leído, no dicen nunca que el CI deba predecir el éxito, sino que a menudo marcan sus límites.

    No sabía que había ganado la liga el Atlético. A ver si con los ingresos pagan los más de cien millones de euros que deben a Hacienda.

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  5. Es complicado lo de las vocaciones, me da la sensación de que el sistema de vida en que crecemos no las alienta demasiado, tiende más bien a anestesiarnos, hay franjas de juventud en nuestra existencia que simplemente se van, como si hubieran pasado en un suspiro, hay años -y hasta décadas- de los que mucha gente apenas tiene recuerdos, no hubo muchas cosas emocionantes, poco aprovechamiento para la formación personal. Quizá con otro enfoque los chavales tendrían una visión menos difusa de ellos mismos al rondar la mayoría de edad.

    Seguro que hay relación entre el goce y el trabajo bien hecho. La gente que está concentrada, absorta en una tarea, no suele expresar con el rostro nada que se pueda entender como dolor o disgusto, sino todo lo contrario, un intenso placer. Un placer distinto de la estereotipada cara de placer que imaginamos respecto de la actividad horizontal, obviamente :-)

    ¿No sabías lo del Atlético? ¿Dónde estás, en las Comores? XD

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  6. Dos puntos clave a mayores en la consecución del éxito:

    -Postergar las satisfacciones. Goleman también incidía en eso. Se da a elegir al niño entre una golosina ahora o dos dentro de un rato. Los niños con mejores resultados acostumbraban a ser los que postergaban la satisfacción inmediata prefiriendo más golosinas más tarde.

    -Objetivos muy precisos. Quien deja por escrito sus objetivos tiene más posibilidades de lograrlos. Un objetivo genérico no funciona. Es como este blog, demasiado genérico ;-)

    También es muy eficaz previsualizar. Algo así como autoimplantarse un recuerdo que en realidad es una proyección de futuro. Suena muy artificial pero es bastante sencillo, necesita eso sí unas pequeñas dosis de meditación.

    E insistir, insistir, insistir. E insistir. Y vuelta a insistir. Nadie se hace millonario en su primer negocio. Bueno, casi nadie. ¿Alguien vio la noche temática dedicada a Facebook? Yo llegué al segundo documental: Mark se expresaba como un surtidor, con las frases pisándose unas a otras, lleno de entusiasmo, como si el habla fuese a remolque continuamente de unas ideas-relámpago demasiado emocionadas como para detenerse. Según he leído, su CI es de 125. Pero no sé si es cierto. Otra fuente dice que 115-120. Teóricamente menos que Mila Ximénez :-P

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    1. Obviamente postergar las satisfacciones denota fuerza de voluntad y perspectiva a largo plazo, algo fundamental para cualquier objetivo con cierta dificultad.
      La concreción de objetivos hace que"las fuerzas" no se dispersen y dichas fuerzas se concentren.Los picahielos no son mazas.

      Yo he hecho 3 test de CI hasta ahora y en ninguno he sacado la misma puntuación, solamente se aproximaban.
      Para hacer un test de estos hay que tener un día"despejado" porque como estés empanado no das pie con bolo.
      En mi primer test de CI saqué 140 y en el segundo 130, que no está mal, pero por contra en los test psicotécnicos he sacado notas penosas ya que no es que sean difíciles, sino que están cronometrados con un margen de tiempo tan ajustado que es imposible acabarlos. Vamos, que soy espabilado pero lento ,y por lo tanto en una selección de trabajo me tirarían seguro ya que se suelen hacer test psicotécnicos y no de CI.

      Sobre el éxito laboral y económico influyen tantos factores que de hecho creo que la inteligencia es el menos influyente de todos.
      El creador de "Caralibro" tuvo la idea adecuada en el momento adecuado y seguramente no se pegó años planeándola, sino que fue algo casual y azaroso. El factor azar-suerte es decisivo en esta vida(a este factor hay que ayudarle, claro) Comprar o no un boleto de lotería que va a ser premiado es puro azar, allí no importa nada la inteligencia.
      El éxito laboral también es una entelequia en muchos caso, y más en España donde tanto en lo público como en lo privado el trepismo y el nepotismo son factores decisivos.

      En resumidas cuentas: ser espabilado te puede servir para resolver situaciones concretas y tomar decisiones adecuadas, pero hay tantísimos factores adicionales que hace que dicho factor pierda casi todo su peso específico real.

      La voluntad es mucho más importante que la inteligencia.¿Quién no conoce a mediocres que llegan lejos y a listos conformistas y poco ambiciosos que no llegan a nada desde un punto de visa egocéntrico y materialista?

      Estoy seguro que una gran parte de los licenciados españoles a penas pasan de 100 o 110 de CI. En el parlamento creo que la media debe ser de 80 a ojo...

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  7. Je, pues no sé si me convence la metáfora futbolera. Básicamente el equipo de tercer mayor presupuesto ha ganado la liga. Lo que quiere decir que ha ganado a 2 equipos más ricos y a 17 más pobres. ¡Y ese es el resultado más inusual que puede darse!
    Por cierto, ¿para qué se retransmite la celebración de un título?, ¿quién quiere ver eso?
    Ayer en plena mitad del telediario con toda esa historia.

    Estoy de acuerdo en la necesidad de hacer los objetivos claros y concisos. De reflexionar sobre ellos, y escribirlos es la manera más fácil de hacerlo. Y si puedes medir tu rendimiento numéricamente, tanto mejor. Si no, es difícil tener una idea precisa de cómo van las cosas. Hay que reflexionar continuamente sobre los resultados.

    Hablando de Zuckerbeg, desde hace un par de años se está insistiendo en la idea de que todo el mundo debe programar. Hay varias plataformas gratuitas para ello, y se insiste en que puede ser una manera de que las mujeres se equiparen a los hombres en algunos países. Hay incluso quien cree que se debería enseñar en las escuelas desde el principio. ¿Qué te parece todo esto?

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  8. Creo que había dejado una respuesta aquí colgada. Y la verdad es que no tengo respuesta. Se debería enseñar a programar. Y a respirar bien, a nadar, técnicas de autodefensa y de relajación y de mnemotécnica y de postergación y de socialización, a alimentarse correctamente, a muchas sabidurías vitales que a menudo aprendemos muy tarde o no aprendemos. No sé, no sé qué decir. Con todo, el mercado se orienta no a que programemos sino a que consumamos, es decir, a que manejemos software y tecnología que no comprendemos pero que sean ergonómicas y asequibles, en los años 80 para manejar un ordenador introducías una montaña de comandos, ahora sólo tienes que hacer dos clicks y te cae encima toda la info del mundo.

    La inteligencia es el cultivo de la vocación personal. En ésta se incluye encontrar la propia vocación.

    Me cae bien Mark. Ni se ha trajeado, ni se ha engominado el pelo, ni se le ve purazo en ristre viendo los toros, ni ha dejado a Priscilla por alguna miss de provincias.

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  9. The Lancet ha publicado un estudio de la universidad brasileña de Pelotas, estado cuyo nombre siempre dio pie a chistes y chascarrillos varios, según el cual la lactancia materna prolongada favorece que el futuro adulto tenga un tiempo de escolarización mayor, ingresos mayores (el equivalente a 98 euros más al mes) y CI mayor. Bernardo Horta y su equipo estudiaron el caso de 6000 "peloteños" (no conozco su gentilicio, sorry) nacidos en 1982, les hicieron el test de CI a unos 3500, compararon resultados, aportaron parámetros, etc etc, y llegaron a esa conclusión.

    Que la lactancia materna es buena para el mamífero humano cae de cajón. Que sus ácidos grasos de cadena larga refuerzan el desarrollo intelectual, pues también (lo siento por los lipofóbicos y por los vegetarianos que dicen que ordeñar es "antinatural": decídselo a las hormigas que ordeñan pulgones, ya veréis qué caso os hacen). En lo tocante al tema del CI, y ya centrándonos en el tema, no niego en ningún momento que esos tests midan una determinada capacidad. Es obvio que lo hacen. Pero insisto en lo mismo que insistí en el artículo, del que no muevo una coma: los tests de CI no predicen la genialidad, pueden ser muy desorientadores y carecen de la menor importancia en comparación con mil rasgos más del intelecto humano, como las muy difíciles de medir cualidades de concentración, automotivación, persistencia, postergación de las gratificaciones, claridad de objetivos y un por fortuna larguísimo etcétera.

    Es más, estoy convencido de que si se hubiera incluido en el estudio la habilidad para jugar al póker o al candy crush, muy probablemente veríamos que la lactancia materna prolongada también favorece en ese sentido.

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  10. Pero es precisamente por esa dificultad para medir la inteligencia humana que usamos los CI, porque no hay una variable que sirva para englobar todos los aspectos cognitivos de una persona.
    Y, nuevamente, la mayoría de tus críticas son asumidas y aceptadas por la mayoría de gente que trabaja con ellos. No es como si la gente dijera habitualmente que el CI valora todos los aspectos de la inteligencia humana, ¿no?

    Sobre la lactancia... sería interesante saber si las familias que dejaron de dar el pecho a sus hijos ya tenían para empezar un nivel académico, CI e ingresos menores que la media y sus hijos heredaron eso.
    Conozco a gente joven que (estúpidamente) ha elegido no dar el pecho a sus hijos y ninguno puntuaría alto en ninguno de esos criterios.

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  11. Matizando un poco, no pretendo criticar a los especialistas que manejan tests. Más bien lo estoy enfocando en contra de la mitología "testística", muy californiana, que nos rodea. Hay conversaciones que alguno quiere zanjar aludiendo a su presunto CI, como en las pelis el tío de paisano que en un determinado momento saca la cartera, la abre y dice "FBI".

    Cuando lleguemos al Elysium terrestre, para entrar en las californiciudades-jardín la única prueba de admisión será la de CI, te pondrán un chip y p'adentro. Y los demás, aunque haya genios, a la favela a reciclar trastos. Y cuando esos genios que el CI no detectó se organicen para hacerles a los otros la fuga de Logan pero al revés, tendremos las guerras de séptima generación.

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  12. Aunque los C.I no lo es todo y no es el unico factor que puede influir en una sociedad,creo que el C.I esta relacionado con el exito economico y y academico.

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    1. ¿De dónde proviene del éxito, ese éxito social que tienen los países del Norte y que no tenían hace 2000 años, cuando vivían en el subdesarrollo? Pues proviene de estructuras sociales adecuadas para que ese éxito se dé. No proviene del CI, que a buen seguro era igual, o quién sabe si mayor por entonces que ahora. Y proviene de la sinergia entre curiosidad, inventiva, sentido crítico, postergación del placer y otras muchas facetas intelectuales que suelen resumirse en "mentalidad" o "actitud".

      Estoy convencido de que esta actitud es genética en un 90%. Pero eso no significa que los tests de CI la midan. ¡Salud!

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