domingo, 1 de febrero de 2015

SOY NAZARENO





Espero poder hacerme entender en este artículo, que tal vez no llegue a ser de los mejores del blog pero sin duda sí será uno de los más personales, intransferibles y rabiosamente míos. Ojalá no me fallen las palabras para dar a entender lo que pienso y siento, ojalá no se extravíe mi entendimiento, ojalá consiga plasmar mis ideas acerca de lo que de modo generalizado suele llamarse cristianismo, que como siempre ha sido y siempre será es algo que tiende a definirse en oposición a otras cosmovisiones que quieren presumir de mejor prosapia o que pretenden haberlo arrinconado.

Cuando abrí el blog, allá por marzo del 2013, yo era un anticristiano. Aunque le reconocía grandes cosas al cristianismo y me interesaba conocerlo bien, pensaba que había sido el responsable del milenio oscuro que fue la Edad Media. Pensaba así por una mezcla de ignorancia sobre el período (entonces creía saber mucho de historia), de pereza mental, de profundo desapego ante el panorama cristiano de hoy (tan melifluo, tan infiltrado por la masonería y los progresismos) y de insinceridad conmigo mismo al no atreverme a verbalizar lo que dentro de mí ya sabía: que la caída cultural de Europa se debió al enorme agujero que dejó una Roma depredadora que también se apropió del cristianismo haciendo de él culto oficial y con ello desvirtuándolo, quitándole el alma.

El sufrimiento de los cristianos del Levante a raíz de las bestiales arremetidas de los yihadistas en la Guerra Civil Islámica (2011-    ) me conmovió profundamente, tan profundamente como me asqueó la completa indiferencia de ese engendro satisfecho y autocomplacido al que genéricamente se alude como Occidecadente. Los occidentales, descendientes de quienes impusieron el cristianismo por todas las latitudes del globo (muchas veces de manera forzosa), no parecían perder el sueño, ni siquiera una fracción de segundo de su preciosísimo tiempo para reflexionar acerca del fin de esos pequeños reductos de identidad, de verdadera identidad que nunca se impuso y que había sobrevivido en aquellas tierras, posiblemente desde el siglo I. Al menos resistió dos milenios. Honor para ellos. La Civilización del Creciente Fósil (1914-    ) en que estamos empantanados durará siglo y medio como mucho, pero saca pecho de sus "logros" olvidando las lecciones de la historia.

La implicación emocional es lo que ha hecho que vuelque mi atención en el conflicto del Levante más que en casi ninguna otra vicisitud del panorama político internacional. Me dolía lo que iba conociendo, me hería el corazón. No me avergüenzo de mostrarme sensible. Antes al contrario, estoy muy orgulloso de ser sensible y de que me afecten las cosas. Por eso puedo decir, sin que me tiemble la voz, que ante la situación que viven tanto su pequeño mundo como el mundo grande de los indiferentes yo me declaro nazareno.


 Foto: Ahmad al-Rubaye / AFP / Getty Images. Cristianas iraquíes tras un atentado en un templo. El cristianismo ha conservado las tradiciones, los símbolos, la identidad y posiblemente el aspecto étnico de las gentes medio-orientales del siglo I, previamente a la globalización árabo-islámica. Las mujeres cristianas de Próximo Oriente parecen realzadas por un exquisito halo de natural y delicado pudor, sin necesidad de afearlas ni de taparlas para que se suponga que son pudorosas.


A lo mejor no se entiende muy bien lo que voy a decir ahora, pero el cristianismo como ha resultado ahora no es el cristianismo como debió ser. Se habla del cristianismo como si fuese algo único, monolítico, literal, acorazado, sin fisuras, sin evolución, sin relación con la realidad. Nunca pretendió ser así. Nunca se quiso que hubiera un único cristianismo, al menos en los primeros tiempos. El cristianismo no es un manual de instrucciones, no es un baremo de conductas, no es un rígido corsé que uno se pone para así ahuyentar las vacilaciones que la vida nos pone delante a cada paso que damos. No. El cristianismo es, ante todo, una buena noticia. Un eu angelon: evangelio.

¿Cuántos evangelios había? ¿Cuántos evangelios habéis leído? ¿Cuántos evangelios os constan, y cuántos se han perdido? Como sabéis, en el cristianismo mayoritario hay cuatro evangelios. Tres son sinópticos: Marcos, Mateo y Lucas. Son llamados así porque se parecen mucho, comparten una misma trama narrativa, que derivaría del primero de ellos, que según la tradición fue redactado por Juan Marcos, posible hijo de Simón Pedro, y sobre la cual se añadirían declaraciones de Jesús comunes a los otros dos que vendrían de una recopilación más antigua llamada Evangelio Q. El cuarto es Juan, escrito a partir de los recuerdos del Discípulo Amado, amigo íntimo de Jesús, y muy elaborado, más denso que los otros tres y con otra cristología. Los demás evangelios son considerados apócrifos. Esta palabra se refiere originariamente a algo oculto o que se ha ocultado, y tiene que ver con el hecho de que cada congregación cristiana tenía su evangelio, y cada nueva congregación ha querido dotarse con uno (incluso las nacidas lejos en la geografía y en el tiempo, como la iglesia mormona). Cada grupo tenía su forma particular de acercarse a Dios a través de la figura de Cristo. Cada uno podía elegir qué cristología le convencía más. Las había más realistas, o más místicas, o más gnósticas y enrevesadas, más platónicas .... No había un cristianismo único. Era como si una prometedora semilla hubiera germinado en numerosas ramas con flores y frutos. Algo así como la parábola del grano de mostaza.

Pasa igual con los evangelios canónicos. Juan es mucho más místico y filosófico que los sinópticos, y expone otra cristología. En ese sentido, se contradicen. Y los sinópticos entre sí, aunque concuerden en lo esencial. Muchos se han dado cuenta de esto. Y aunque los canónicos fuesen los mejores por ser anteriores a los apócrifos y más cercanos a las fuentes, no por eso los apócrifos dejan de ser interesantes y fructíferos. Parte de la iconografía cristiana deriva de apócrifos, como la adoración de los animales o las visiones del Inframundo. ¿Qué problema hay en que cada secta tuviera su evangelio? Por sus frutos les conoceréis, se nos dijo, y si los frutos son sabrosos, ¿cuál es la pega? Secta viene a ser una rama que se aleja de un tronco, buscando por su cuenta luz y calor para así fructificar mejor.

El cristianismo fue, durante los primeros siglos, una religión perseguida por Roma. En principio resulta chocante, pues los romanos eran muy tolerantes con los cultos de las gentes e incluso pudiera decirse que coleccionaban dioses. Por ejemplo: tenían un dios concreto para el dintel de las puertas, otro para las jambas y otro para el umbral. Pero el cristianismo resultaba incómodo para el poder del momento. Los cristianos no juraban por el césar, ni mucho menos le consideraban un dios. Mientras que los paganismos eran complacientes con el poder temporal y tragaban con lo que fuera (por ejemplo, Adriano proclamó que su fallecido amante Antinoo era un dios merecedor de culto y de alabanzas), el cristianismo no transigía con ello. El césar era para ellos nada más que un humano, tan imperfecto y falible como cualquier otro. De ahí derivó una serie de persecuciones que no terminaron con los cristianos, pues salieron fortalecidos y multiplicados de ellas.

Constantino, personaje ambicioso y cruel así como muy inteligente, se percató de que el cristianismo podría llegar a ser la argamasa que mantendría el decadente imperio cohesionado y le permitiría sobrevivir a las señales de ruina y de descomposición que no se les escapaban a los observadores más agudos de la época. Seguramente influiría también la fe de su madre, Elena. El césar serbio comenzó un proceso de implantación de lo cristiano y los cristianos en la estructura romana, desde el Edicto de Milán en el 313 que les garantizaba libertad de culto hasta el final de sus días, en que aceptó ser bautizado. Durante el Concilio de Nicea en 325, sin duda uno de los concilios más importantes de la historia eclesiástica, se instituyeron una cristología y un canon de evangelios que quedarían hasta hoy como los auténticos en el catolicismo. Desde entonces la palabra secta tendría un sentido negativo, pues los sectarios no se separarían de la corriente principal sino de la verdad, del cristianismo auténtico. También la palabra apócrifo adquirió un contenido peyorativo, pasando de significar "oculto" u "ocultado" a "falso". El cristianismo se hace mainstream, dejando de ser doctrina minoritaria de gente escogida para convertirse en una religión de masas, para todos, incluso aunque no se quiera: en tiempos del ibero Teodosio es proclamada religión oficial del imperio, en el Edicto de Tesalónica del año 380. El paganismo en la cuenca mediterránea colapsó de manera relativamente rápida.

Hay un fresco bastante conocido llamado el Triunfo de la Cruz de Tommaso Laureti Siciliano, en el Vaticano, que resume simbólicamente muy bien lo dicho. Muestra a un dios pagano hecho pedazos a los pies del Crucificado. Aunque artísticamente hablando el fresco de Laureti resulta algo manierista para mi gusto, no se puede negar que es una imagen poderosa, que me ha hecho reflexionar desde la primera vez que la vi, por desgracia no presencialmente. Un ídolo sin duda apolíneo y de proporciones clásicas, pero rígido e inerte, indiferente a los asuntos humanos, sin contenido simbólico ni dimensión emocional, yace hecho pedazos ante la imagen de un hombre de carne y hueso, sufriente pero real, a dos horas de morir y dos días de resucitar. Simbolizaba la victoria no ya de una religión sobre otra sino también de lo empático sobre lo hierático, de lo vivo sobre lo inerte, de la existencia palpitante que lucha en el mundo sobre la abstracción, de Dios hecho hombre sobre un mero hombre al que un artista ha endiosado.

Es importante en este punto darse cuenta de algo. Los héroes clásicos como Hércules, Teseo, Belerofonte, Ulises o Perseo nos regocijan ahora, apreciamos en ellos algo nuestro, tanto la exaltación de unas virtudes como un rastro de algo que fue y ya no está. A buen seguro, esos héroes míticos fueron tiempo atrás hombres, hombres de carne y hueso a los que el pueblo divinizó. Nos ha llegado el mito, pero no la historia subyacente, con la que sólo podemos especular.

El caso de Jesucristo es distinto. Nos han llegado ambas cosas. Jesucristo es una contracción de Jesús y Cristo, obviamente, siendo con ello también contracción de realidad y mito. Confluyen:

-Una figura arquetípica, el Ungido ("jristós", "messiah"), varón conectado con la divinidad, hecho a imagen de ésta, pleno de virtudes, elevador de espíritus, conductor de pueblos, sanador de heridas, resucitador de muertos, extirpador del mal, que ofrece comunión en su carne y su sangre, que sufre por la vileza humana y que muere para renacer transmutado en una imagen de eterna juventud y vigor.

-Una figura histórica, un obrero galileo llamado Jesús, de la tribu de Judá y de estirpe davídica, que predicó en tierra ocupada por romanos y que por romanos fue torturado y asesinado.

El arquetipo del Cristo es previo a Jesús. Cristológicamente hablando, el Cristo es el humano perfecto creado por Dios a su imagen y semejanza. Platónicamente hablando, sería la idea perfecta de hombre que viviría en los cielos y de la que nosotros no seríamos sino vulgares remedos. Esa idea habría descendido, o se habría encarnado, para asumir nuestra naturaleza, nuestros pesares, nuestra lucha en el mundo para así tender un puente entre lo perfecto y lo imperfecto, para animar (insuflar alma) a los imperfectos en la procura de la perfección. Visto así, Adán habría sido el primer Cristo. La caída de los humanos de una estado preexistente de perfección vendría de la debilidad de Adán y Eva ante la tentación, es decir, de la desobediencia. Adán surgió del barro pero por su error regresó a ese mismo barro primigenio. Jesús, el nuevo Cristo, habría retomado la tarea de Adán cumpliéndola, siguiendo la hoja de ruta sin desviarse, completando la Creación: en vez de regresar al barro, ascendió al Cielo. Es una forma de verlo.

Muchos autores han rastreado figuras crísticas, similares a este arquetipo, en otros entornos culturales. En España son célebres los libros de Raimon Panikkar acerca de la presencia de Cristo en el hinduismo. Otros han dado a entender que Jesús no existió, sino que se recreó su figura a posteriori para así darle carta de legitimidad a cultos trascendentalistas que rendían pleitesía a ese arquetipo crístico. Es un tema enmarañado, porque otros autores pretenden que Jesús no existió para así quitarle valor al cristianismo, que es algo muy distinto y diametralmente opuesto a los pensadores místicos y gnósticos que perciben en el Cristo mítico una figura recurrente, que aparece y se manifiesta de manera puntual y que hunde sus raíces muy, muy lejos, hasta donde la vista no alcanza. 

Las élites californistas dieron el visto bueno, años atrás, a un docupanfleto llamado "Zeitgeist" (2007, Peter Joseph) en el que entre otras lindezas se quería echar por tierra al cristianismo presentando a Jesucristo como una mezcolanza de mitos de otras épocas que algunos oportunistas habrían confeccionado para tener a la Humanidad narcotizada durante la Era de Piscis (pez: animal simbólico en el cristianismo) pero que ante la presente Era de Acuario californiana debería desaparecer como la falsedad que según ellos es. En realidad la casi totalidad de los rasgos atribuidos a entes míticos precristianos (Osiris, Atis, Dioniso ....) son falsos, proveniendo de la literatura ocultista del siglo XIX, masonizada y fuertemente anticristiana. Oyen campanas pero no saben dónde. Presentan como invención algo que es una recurrencia arquetípica, como lo es la Señora en las apariciones marianas.

En otro momento argumenté las semejanzas entre zoroastrismo y cristianismo. Esas semejanzas no se deben a que los primeros cristianos se dedicaran a copiar como bellacos, sino a que los arquetipos atraviesan las épocas y se vuelven a manifestar. Son como hilos plateados que conectan a los humanos de distintos momentos históricos, que atraviesan el continuo espaciotemporal por agujeros de gusano insospechados para nosotros y reaparecen, frescos y renovados, ante nuestros ojos indicándonos el camino, la verdad y la vida. Nos elevan, nos empujan hacia arriba. Es como si, además de comunicarnos con lo Alto, con esas moradas en las que no podemos vivir porque seríamos aniquilados, nos preparasen para un salto. No sólo un salto de fe, sino también un salto evolutivo.


Jesús niño en la célebre adaptación televisiva de Franco Zeffirelli en 1977. Las distintas maneras de imaginar y representar al personaje tienen un trasfondo, a menudo subconsciente.

Así lo leyó Teilhard de Chardin y así lo he pensado más de una vez. Cristo sería el Hombre Omega, el futuro evolutivo de nuestra especie, contrapuesto al pasado evolutivo reptiliano de la Serpiente, del Dragón Caído, de la Bestia. Místicos y pensadores llegaron a lo conclusión de que, al igual que en nuestra genética anida la posibilidad de un nuevo salto adelante, en nuestra alma también anida un Cristo. Nuestro deber como humanos sería llegar a ser Cristos, o "imitación de Cristo" como el célebre tratado de Kempis, o dejar que se manifieste ese Cristo que llevamos dentro. Eso sería lo que conocemos como el Reino.

De ahí por qué resulta tan repugnante la blasfemia. Vaya por delante que no creo que una blasfemia merezca una respuesta violenta. Lo que quiero decir es que la blasfemia hace daño, no físico pero sí en el alma. Nos hace daño a nosotros. A Dios no. Puedes estar todo un año soltando mil blasfemias por día que a Dios no le harás ni un rasguño. Pero mediante la blasfemia ensucias y degradas esos hilos plateados que nos conectan con lo pasado y con lo futuro.

De ahí también la simbología del fuego, presente en el zoroastrismo e igualmente en el cristianismo. El fuego eleva. El fuego purifica. El fuego permite la cocción de la carne y la elaboración de utensilios. El fuego está íntimamente relacionado con nuestros saltos evolutivos. Es posible que otro fuego, de índole mística, prefigure un nuevo salto evolutivo. Los californistas propagan la mitología de los niños índigo, según la cual el salto evolutivo ya se está produciendo de manera automática, una vez traspasado el zaguán de la Era de Acuario. El cristianismo no dice eso. Dice que son pocos los elegidos. Que el camino de ascensión es duro. Que tenemos que superarnos. Eso, cómo no, provoca horror al progresismo. La cosmovisión progre afirma que todo el mundo es bueno. El cristianismo se opone por completo a ella: todo el mundo es pecador. Por eso hacen falta renuncias. Mientras que los antiguos paganismos no sólo veían con agrado las bajezas humanas sino que incluso las divinizaban, el cristianismo se opone a ellas. El cristianismo critica algunas de nuestras inclinaciones naturales. Incluso a veces las prohíbe. ¡Qué reaccionarios! ¡Cómo pueden ser tan intolerantes! Pero si queremos arder es lógico que dejemos cenizas.

Por ello, la gran masa (por muy cristiana que se pretenda y por muy bautizada que esté) no se eleva con el fuego. No arde. Pesa, se hunde, vuelve al barro primigenio. Pero a lo largo de las edades ha habido un número contado de héroes y santos que no se dejaron hundir, que ardieron por dentro, que ascendieron y que hoy siguen indicándonos el camino. Si no para igualarles, al menos sí para que nuestra vida no nos pese tanto, para que haya una puerta a la esperanza. Una posibilidad de cambio. De salvación.


El Santo Graal según Frederick J. Waugh.


El error, que han compartido todas las religiones del mundo, estriba en no prestar atención al fuego elevador sino a las cenizas dejadas por la combustión. En obviar el fruto en favor de la cáscara. Tal vez no pudo ser de otra manera. El cristianismo oficial despreció las vías místicas y esotéricas de acercarse al arquetipo del Cristo, blindando la doctrina, creando un clero bastante parecido al pagano (con pontifex maximus y vestales incluidas), interviniendo como una potencia política multinacional y quitándole el potencial revolucionario que la nueva religión ofrecía. Pero lejos de ese despotismo neo-romano que adoptaba formas imperiales ya vistas en la paganidad, el cristianismo esotérico se enriqueció al contacto con el sustrato cultural de los pueblos europeos. Pasó a formar parte de su identidad. La belleza de los espacios naturales, el animalario, las costumbres, todo empezó a ser observado con otra luz. Y también ese nuevo culto nacido lejos fue sedimentando otras realidades dentro de sí. De ahí la importancia de que los pueblos no pierdan las romerías ni los lugares de poder, porque si se aculturan y los pierden paletamente en pos de entrar en la Gran Rueda de nuestra decadente civilización, se olvidarán esos senderos tantas veces pisados por nuestros ancestros, se estragará todo y habrá que recomenzar porque nuestra civilización ya  está herida de muerte y no nos brindará las soluciones que necesitamos.

Por eso cuando los aldeanos pasean una talla mariana por un prado y la invocan, algo late en esa celebración. Es una forma popular, no muy elevada, de rendir culto. Lo hacen como pueden, a su manera. Otros rinden cultos ciertamente criticables pero que nadie critica, como las avalanchas humanas y los lloros ante la cercanía de un cantante o de un futbolista (y Occidecadente se cree la cima del desarrollo cultural, ¡ja!), pero que nunca llevarían sobre el lomo una figura de la Pasión porque les parece que no está a la altura de su sofisticación y refinamiento.

Yo me emociono cuando la gente le sigue llamado "hilos de la Virgen" a las sedas arácnidas que flotan en el aire de las aldeas cuando primavera y principio de otoño. Se funden dos realidades: la real-real zoológica y la "otra realidad", la del hilo conector, como el de Ariadna. Ambas realidades no se estorban. Forma parte de nosotros ver más de una cosa donde teóricamente sólo hay una. Eso es nuestra riqueza: mirar. Mirar para entender. Entender para pensar bien. Y tras pensar bien, actuar. Vivir en el mundo. Luchar en el mundo.


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En su momento me definí como cristocéntrico. ¿Qué quiero decir con eso? A mi entender el cristocentrismo supera al teocentrismo, que se agotó hace tiempo, y al antropocentrismo, que ya se está agotando ante nuestros ojos. El Cristo que llevamos dentro es aquello a lo que debemos rendir tributo, hacer aflorar al héroe y santo que guardamos dentro, prefigurando así el porvenir y procurando que se dé a partir de nosotros un nuevo salto evolutivo, los humanos que heredarán la Tierra o lo que dejemos de ella. Y que mirarán al Cielo. Por eso Dios no actúa en el mundo a ojos de los hombres y de las mujeres. En realidad, si comprendemos profundamente el cristianismo, veremos que lo que nos dice es que Dios actúa en el mundo a través de hombres y de mujeres. Eso es el Reino. Ser habitados por Dios. Ser templos de Dios.

De ahí que quedarse en la contemplación de lo exterior (el templo) es insuficiente para entender y apreciar el fuego interior. Sería como rendir culto a las cenizas, como ya dije. Por eso la gente no puede pretender encontrarse con Dios en una iglesia. A la iglesia no se va a encontrar a Dios, sino a celebrar que lo hemos encontrado. Decía Pablo que Dios no habita en templos erigidos por manos de hombres. En realidad habita en los hombres. Por eso todo lo que el hombre y la mujer hacen debe ser religioso. Decía Jung que todos sus pacientes mayores de 35 años sufrían unas neurosis que en realidad estaban relacionadas con cuestiones trascendentes, con el significado de la vida. Y Unamuno decía que la mejor forma de rezar era hacer las cosas religiosamente. Si el Cristo arde en ti, todo lo haces religiosamente. Comes religiosamente, trabajas religiosamente, vas a la compra religiosamente, lees religiosamente, haces pesas religiosamente, paseas con tu chica religiosamente. Todo está transido de significado trascendente si el Cristo arde en ti.

Se puede objetar que "no me gusta ir a misa". Ni a mí tampoco. Es más, lo detesto. Me encanta visitar templos, pero cuando no hay oficios. Hay gente que entiende las misas y las vive. No es mi caso y no voy a engañarme a mí mismo. Tampoco voy a engañarme con otras objeciones. Porque se puede decir "todo eso está muy bien pero a mí me habría gustado que ese arquetipo se hubiera manifestado en un gran guerrero germánico, atravesando los bosques espada al cinto y corcel brioso, y no en un predicador galileo en una región más bien árida". Cierto. Y a mí también me habría gustado más. Pero no ha sido así. O puede que sí. Puede que el Cristo se hubiera encarnado en un guerrero germánico pero no nos quedó constancia por falta de fuentes, mientras que en el caso del Levante del siglo I tenemos infinidad de fuentes y de escritos sobre Jesucristo ya desde un momento temprano. Si no los hubiera, o hubiera muy poquitos, la huella de la presencia del Cristo en las gentes seguiría viva, y la memoria del personaje histórico Jesús habría pasado a la bruma de lo desconocido. Fijaos que con Mahoma pasó algo distinto, tenemos el personaje histórico tras el que se quiso entretejer el mítico, pero no funcionó. Es el caso contrario de los héroes antiguos, en los que sobrevivió lo mítico y se perdió lo histórico. En Jesucristo sobreviven ambos, lo que hace de su figura algo tan especial.

Lo mítico nace de lo histórico, pero no se limita a lo histórico. La comprensión profunda y mística de lo cristiano no puede limitarse ni encorsetarse a determinadas palabras que pudiera haber dicho Jesús, de igual manera que dijo o se le atribuyen otras de signo distinto. No tenemos que seguir lo que dice la letra evangélica de modo rígido. Hay que saber interpretarla. Hay que saber bucear hasta llegar a la entraña de lo que se nos dice. Por eso cada evangelio apócrifo es legítimo: el Cristo dejó una huella tremenda (tanto es así que quienes le conocieron dieron la vida por él, algo imposible si hubiera sido un engaño-recopilación de mitos antiguos), que ellos veneran y renuevan a su manera. Sólo con el oficialismo romano los textos evangélicos pasaron a ser absolutamente literales, lo que llevó al absurdo pues se contradicen, son obra humana y llevan a callejones sin salida. San Agustín se devanaba los sesos intentando responder al enigma de por dónde parió María para seguir siendo virgen (alguno dijo que tuvo que hacerlo por una de sus orejas). Eso no es cristianismo verdadero. De igual manera que, por ejemplo, el sufismo sí es islam verdadero y no esa bazofia que predican los yihadistas de hoy.

Así también, no importa cómo era Jesús, el hombre, en persona. Guapo, feo, rubio, moreno, alto, bajo, eso no tiene importancia si entendemos que en él vivió el arquetipo crístico. Lo que sabemos es que se hizo merecedor de que en él viviera. Los artistas han representado a veces un Jesucristo feo y hasta deforme (en el arte oriental, sobre todo), o a alguien de gran belleza (en el arte donde antes se representaba a Apolo, por ejemplo), a menudo rubio, a veces pelirrojo (grandes como Ribera o Millais lo imaginaron así). El subconsciente del artista va dirigiendo su pincel. Un conocido novelista, Ramón J. Sender, reflexionando sobre el tema llegó a declararse cristiano precisamente a partir de su convicción de que Jesús no existió, y que ese arquetipo crístico (para él relacionado con el culto solar, tesis que me parece muy sugestiva y que combina bien con lo ya dicho) es ahistórico o mejor dicho intrahistórico, atravesando épocas sin estar prefijado en un punto concreto de un lugar concreto en un año concreto y siempre empujando a los humanos a ser mejores y a elevarse hacia la virtud.


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Por algún motivo, mientras otras especies de animales siguen sustancialmente idénticas desde hace millones y millones de años, el linaje humano parece tener la muñeca caliente a efectos evolutivos. No sabemos qué nos deparará el futuro, pero quisiéramos que nos siguiera elevando, como llamas de una hoguera inextinguible.




10 comentarios:


  1. Hola que tal,

    suscribo buena parte de tu artículo, yo también pasé por una época fuertemente anti-eclesial, pero creo que mi error y el de mucha gente hostil a la Iglesia Católica estriba en no tener una adecuada visión histórica y antropológica del asunto. Básicamente sin Iglesia Católica no existiría la civilización occidental tal y como la hemos conocido.

    También hace muchos años que no voy a misa, pero pienso que hace falta que sigan practicándose ritos y que sigan existiendo templos, lo mismo que hacen falta hospitales, mercados, o foros. A alguno podrá parecerle que los templos son vestigios prescindibles del pasado y que el día que no existan o la gente no vaya a visitarlos, la Rueda seguirá girando como siempre, pero eso es un error, ya dijo la Biblia que no solo de pan vive el hombre. El día que se corte definitivamente el hilo invisible que une a la humanidad con lo Alto, ese día la humanidad tendrá los días contados, por mucho que la rueda siga girando, y ese día anda próximo, pues partidos como Podemos tienen en su programa la idea de extirpar cualquier manifestación religiosa de la vida pública. El día que eso se extirpe definitivamente, seremos una sociedad de autómatas, de hombres-insecto apegados al barro, será el fin de un mundo.

    En referencia a los teólogos modernistas como Teilhard, creo que cometen el error de mezclar religión con "evolución", la evolución es un concepto del progresismo del siglo XIX que luego pasó a ciertas corrientes filosóficas, ocultistas y teosóficas, pero no hay ninguna religión tradicional que hable de "evolucionar" o de dar un "salto evolutivo".

    De hecho la religión trata fundamentalmente del Espíritu, del Pneuma, el Ruah, y éste no puede evolucionar pues es un Ente Eterno e Inmutable, mientras que la evolución hace referencia al tiempo y a la sucesión, a lo perecedero y mutable. Pero si mezclamos los términos obtenemos una religión panteísta que identifica a Dios con el mundo o la humanidad, como han hecho algunos teólogos o filósofos modernos, y como hace también la New Age en nuestros días.

    Es curioso como, desde los tiempos del libre examen se ha querido vivir la religión como una experiencia exclusivamente íntima, sin autoridad ninguna de por medio, sin embargo nunca se ha pensado en aplicar este principio a la medicina o al derecho, por ejemplo. Imaginemos un libre examen en materia jurídica, que cada cual pueda interpretar y aplicar las leyes como le venga en gana, que cada uno pueda ser juez de sí mismo. Un artículo de la ley puede significar una cosa u otra según tu vivencia íntima de la ley, si algún partido político propusiera este programa
    ¿que ocurriría?, sin embargo en materia de religión este relativismo modernista se ha venido aceptando con entusiasmo desde hace mucho, quizá porque hemos ido perdiendo el verdadero sentido de la religión, de la transmisión oral de la tradición por parte de una escuela autorizada, por una cadena iniciática. Ahora cualquiera puede ser un maestro, un iluminado, inventar una nueva religión, una nueva escuela escribir libros de autoayuda, y mover a las masas, pero lo mas curioso es que todo esto ya estaba previsto en la Biblia, y otros libros tradicionales.

    un saludo




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  2. Hola, Alex. Es verdad, la idea de Europa que manejamos tiene su origen en el Medievo, en la noción de Cristiandad, de todo el continente. Antes habría sido imposible.

    Los templos son, con diferencia, los edificios más señeros de cualquier ciudad. Muchos visitantes van a ellos olvidando otras manifestaciones de urbanismo, entran como buscando algo que hubieran perdido. Los templos conectan el cielo con la tierra, lo luminoso con lo umbrío, el silencio y la música: la arquitectura está pensada para que los cánticos reverberen. Una iglesia de piedra en tierras célticas, o de madera en las escandinavas, demuestra que el hombre y la mujer pueden vivir en el paisaje sin joderlo, al igual que es muy hermosa una mezquita en Mali, con los minaretes contra el cielo azul. A la Gran Rueda le quedan dos décadas de existencia, seguirá haciendo daño hasta entonces pero caerá. Caerá ella y los templos no caerán.

    Me resulta inevitable pensar en lo evolutivo al hablar de espiritualidad. No habríamos accedido a ella si hubiéramos quedado en el estadio de homínidos comefrutas. Existen otras realidades aparte de nosotros, realidades inmanentes, que tienden a permanecer idénticas a sí mismas pero que tal vez pasaron en su momento por trances evolutivos. En "2001" el Monolito es una realidad sobrenatural, o extra-biológica, que permanece inmutable pues llegó a su perfección geométrica y se ha quedado eterna en ella. Pero ¿cómo fue el Monolito antes del Monolito? No nos corresponde a nosotros saberlo, pero sí avanzar. Eso no es progresismo, en mi caso al menos. El mismo Jesús dice que hay que nacer de nuevo, y que debemos ser como niños. Pienso que el futuro evolutivo humano, una vez la Gran Rueda se vaya al diablo, es ser como niños más allá de la infancia, creando vertiginosas conexiones neurales todo el tiempo y conservando la fontanela de manera indefinida. Eso parece indicar el arquetipo del Gris.

    Pero eso es una elucubración mía. No nos corresponde saberlo, insisto. Sólo nos corresponde una cosa: vivir. Ojo, no estoy diciendo que los humanos de ahora estemos más evolucionados que los de hace 50000 años. Habría mucho que discutir al respecto, y habría que ver también hasta qué punto la vida que llevamos, las instituciones que tenemos, los comestibles que ingerimos, los valores que seguimos, la tecnología en que nos refocilamos y demás nos está impidiendo dar nuevos saltos o, por lo menos, llegar a ser lo que deberíamos ser, hombres y mujeres cumplidos, en sano equilibrio. Para eso haría falta otra forma de ciudad, de política y de axiomas. A veces uno piensa, viendo determinadas cosillas del panorama occidental: ¿para esto murió Jesús? Como esos veteranos de guerra que podrían pensar "¿para esto desembarcamos en Normandía?"

    ¡Salud!

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  3. Abundando en el tema evolutivo, o bien de la mera salud, pienso que el cristianismo podría favorecer la puesta a punto del hombre y de la mujer, desembarazándoles de toda la ponzoña que Babilonia nos inocula cada día.

    -El hombre y la mujer como templos de Dios. ¿Uno llena de basura un templo, o lo tachona con pintadas, o permite que se acumule la mugre? Pues igual con nuestro organismo. Quien se considera templo de Dios cuida su salud.

    -El valor de la compasión, de la empatía. Frente al desacreditado darwinismo social, la empatía se está imponiendo como la idea clave de la mejora y el avance de las sociedades humanas. Por eso nuestro rostro es tan importante, da la medida de la empatía. No hay nada más flexible que la expresividad facial humana. Muchos aficionados a la antropología se quedan enfrascados en las partes fijas del cráneo, que son las que sobreviven a la fosilización, pero son las partes móviles las realmente importantes. La empatía sería el fuego, y los fósiles las cenizas.

    Véase que incluso se sabe ya que los espermatozoides no corren desesperados en plan "gilipollas el último" en una pugna desalmada por llegar antes, sino que colaboran, se apoyan, hacen abanicos y espirales, actúan como si fuesen uno. La empatía y la compasión no son muestras de debilidad, como algún resentido podría creer, sino de adaptación y de creatividad: de éxito.

    -La oración y la meditación. Está demostrado que meditar enriquece el córtex prefrontal, sede de gran parte de nuestras mayores habilidades como especie. Debemos sentirnos orgullosos de pensar bien, y para eso qué mejor que la meditación. La tradición católica tiene técnicas de meditación que no desmerecen en nada a las budistas. Incluso el rezo del rosario, a toda leche y farfullando, tiene un sentido a la hora de meditar, pues la recurrencia de ese rezo tira abajo paredes mentales que nuestro ego ha edificado y permite ahondar más y mejor en nuestra alma más íntima. Un buen místico sabe bien de esto.

    -La disciplina. No mentir. No cebarse. No correr tras las primeras faldas que se ven. No perder a un amigo por decir una gilipollez que te parece muy ingeniosa. Hay siete pecados capitales por algo. Tienen un sentido. Establecen una pausa entre tu deseo y tú, te obligan a reconsiderarlo, a lo que los psicólogos llaman "diferir la gratificación", clave esto último en una personalidad madura y fuerte.

    -Desconfiar sanamente. Ningún rey, ningún líder merece ser divinizado. Si lo hacemos, nos llevará a la ruina. Hoy en día se han divinizado los medios, los malls y la santa voluntad de lo que nos apetece en el momento. Son nuestros dioses de hoy. Y por el mal camino nos llevan. Ya lo sabían los antiguos, pero muchos hoy lo han olvidado.

    ¡Salud!

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  4. Mentiras
    En relación con el artículo anterior, vamos a exponer una serie de mentiras recurrentes en los medios de comunicación, sean televisivos, cinematográficos, literarios, etc. Decimos mentiras y no errores porque en su origen su sentido fue tergiversado intencionalmente, aunque su uso actual constituya en ocasiones un error y no una mentira.

    No creemos que haga falta a estas alturas explicar al lector que ha sido engañado en todo lo relativo a Adolf Hitler y la Alemania Nacionalsocialista, pero aunque el lector sea consciente de estas mentiras, él persiste en el error de utilizar los términos propuestos por las Potencias de la Materia (denominados por la Historia Oficial "Aliados"... del pueblo de Israel, se entiende). Si permitimos a cierto colectivo étnico determinar las palabras que pueden usarse y cuáles no, ellos habrán decantado la balanza de todo debate público en su favor. Si nosotros aceptamos su jerga y decimos "En la Segunda Guerra Mundial, los Aliados se defendieron del Eje debido a que el III Reich invadió Polonia en el 39", habremos cometido 5 errores en una misma frase, siendo todos estos errores originalmente mentiras diseñadas para convertirse en errores en la neo-lengua democrática-liberal. Desglosemos:

    ¿Segunda Guerra Mundial? Considerar a la mayor guerra conocida como la "segunda parte" de otra es despreciarla en su magnitud material y espiritual. La conocida como Primera Guerra Mundial, o Gran Guerra (cuando la grande fue la de Hitler), es una mentira judaica. No fue una guerra mundial, sino una guerra Europea por el dominio de las colonias. Es decir, prodíamos llamarla la "Guerra Europea" o la "Guerra de las Colonias", o, si atendemos que los países atacados fueron Imperios o Monarquías y los países atacantes fueron países Democráticos o Republicanos, también podríamos ser creativos e inventarnos los nombres, por ejemplo, la "Gran Guerra Masónica", o la "Gran Guerra Ideológica". Por supuesto ninguno de estos términos será jamás aceptado y enseñado a los alumnos en escuelas y universidades. Sin embargo, que el virya conozca lo ocurrido y siga diciendo "Segunda Guerra Mundial" tal y como le fue enseñado por la Cultura, es una deshonra. Hacerlo sería un descuido, y tampoco caeríamos en la arrogancia por llamarlo de otra manera porque, de todos modos, ¿quién es el virya orientado al que le importa lo que un virya perdido opine? Es más fácil engañar a alguien que hacerle ver que le han engañado, por lo que si entre nosotros usamos una palabra para esta guerra que los demás no entienden, no nos debiera importar en lo más mínimo. Yo propongo llamarla "Guerra Total" pues así la bautizó póstumamente Goebbels, y es lo que fue en resumidas cuentas. Una ofensiva completa a las Potencias de la Materia, de unas dimensiones y profundidad que afectaron a todos los elementos sociales alemanes.
    (continuara)

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  5. Anónimo, me temo que te has equivocado de blog y de hilo. La historieta que has copipasteado no sé de dónde (ni me importa) carece de la menor relación con lo que estamos comentando aquí, aunque supongo que si hubieras tenido la mínima educación de leer de qué va no habrías copipasteado aquí algo no sólo de baja calidad sino también inadecuado, o eso quiero imaginar.

    Diría lo mismo si alguien me copipastease aquí cómo se hace la mejor ternera mechada. Así que si quieres abrir una discusión sobre las "potencias de la materia" (los alemanes, en cambio, no valoraban ni el petróleo ni el hierro ni el wolframio: su estrategia consistía en recitar mantras bajo una higuera vestidos de azafrán y quemando palitos de incienso .... ay, no, que el incienso también es materia) no te faltarán foros y blogs para ello.

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  6. Siguiendo la política de contenidos de Blogger, he retirado la imagen de detalle del "Triunfo de la Cruz" de Tommaso Laureti Siciliano, pues muestra la estatua destrozada de un dios pagano desnudo. Esa desnudez podría ser interpretada como no-artística, de modo que he optado por retirar la imagen para evitar ese tipo de interpretaciones.

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  7. Hola, interesante entrada. Al respecto de tu viraje intelectual del anti cristianismo a una apreciación positiva de él en vistas de su formidable aporte a la cultura, te recomiendo el ensayo "El Hombre Eterno" de G.K. Chesterton, que trata ese mismo tema. Es una magnífica y sofística apología del cristianismo (en especial del católico). No dejes de leerlo, creo que tiene mucho que aportarte.

    Un abrazo.

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    1. No eres el primero que me lo recomienda, así que me lo apunto, ¡qué menos! Muchas gracias.

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  8. "Ojalá no me fallen las palabras para dar a entender lo que pienso y siento, ojalá no se extravíe mi entendimiento, ojalá consiga plasmar mis ideas acerca de lo que de modo generalizado suele llamarse cristianismo,"

    Ciertamente no te fallaron las palabras Lupa.Y desde luego, conseguiste dar una visión excelente del cristianismo(en mi opinion).
    Un post muy inspirador y escrito con muchas ganas.

    Como regalo, te voy a dejar un par de pinturas sobre Jesucristo( quizas alguna ya la conozcas):

    https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/4/46/Jacopo_Tintoretto_-_The_Last_Supper_-_WGA22649.jpg

    http://diccionariodesimbolos.com/images/C/cristianismo.jpg

    http://roble.pntic.mec.es/jfeg0041/arte/test/ima/marta_ma_03.jpg

    Y como regalo te quiero enseñar tambien un escrito muy inspirado, del visionario Swedenborg, sobre Jesucristo. No darte a leer todo el libro, que es larguisimo, sólo dos paginas de él que me parecen muy inspiradoras.

    Descargate este pdf, y lee cuando tengas tiempo desde la pagina 135(empieza abajo, donde dice en negrita " la fe que salva.....") hasta la pagina 136, incluida, y bueno, las dos primeras lineas de la 137 que también pertenecen a ese apartado.

    https://docs.google.com/viewer?a=v&pid=sites&srcid=ZGVmYXVsdGRvbWFpbnxtaXNpbWFnZW5hc3xneDozZDQ5OWUyNGI5OTBiYzc3

    Si te interesa Swdenborg, hay un libro gratis en español muy bueno suyo, "cielo e infierno", quizas ya lo conozcas.

    Y en esta pagina:
    http://www.swedenborg.com/

    tienes unos cuantos mas gratis en ingles. Pero bueno, eso ya es a tu elección. Yo lo único que querría que leyeras son esas dos paginas que te dije.

    Saludos



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    1. Gracias por el aporte, Thunder Bird. Recomiendo a los interesados en el tema la lectura de Swedenborg.

      He leído partes de esa obra, no entera, ese tipo de lectura me resulta demasiado vaporosa, pero está llena de buenas ideas.

      ¡Salud!

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