miércoles, 19 de julio de 2017

"Fat Acceptance"




Supongo que habréis oído hablar del movimiento "Fat acceptance". Es un asunto que me interesa y que sintoniza con varios temas tocados a menudo en este blog, incluido el de la salud, que a fin de cuentas es el más importante. La idea principal de ese movimiento es que en nuestras sociedades existe discriminación o, al menos, prejuicios contra la gente que está gorda, y su propósito es cambiar tal situación siendo no ellos sino los demás los que han de cambiar. En los vídeos de Fat Acceptance que se pueden consultar en YouTube sus activistas -mujeres en proporción abrumadora- se quejan de que por todas partes se les recuerda que el ideal de belleza para la sociedad no se corresponde con la imagen que los gordos proyectan, y eso hiere sus sentimientos, pues son seres humanos merecedores de amor y atención como todos los demás. Reivindican mayor presencia de gente gorda en los medios y promueven a sus propias bellezas -las Plus Size Models- como alternativa a las "flacas" y "barbies" que, según dicen, de tan poco que comen y tanto estrés que soportan por mantenerse en las tallas que "la sociedad demanda" son infelices, mientras que la gente que se acepta a sí misma es feliz.

Antes de nada, debo decir que voy a utilizar la palabra "gordo-a" en vez de eufemismos tipo "persona con sobrepeso", más que nada por coherencia y porque imagino que eso les gustaría a los del Fat Acceptance. Si aceptan su gordura con naturalidad, es de esperar que se puedan emplear los términos "gordo" y "gorda" con la misma naturalidad, porque no son despectivos sino descriptivos. Ahora bien, no voy a decir que tal o cual persona es gorda. Diré en todo caso que está gorda dado que la gordura no es una característica constitutiva del humano medio, salvo casos excepcionales, sino el resultado de una continuada serie de elecciones, malas elecciones, a lo largo del tiempo. No voy a tratar a las personas gordas como si fuesen víctimas de una maldición.

Tampoco voy a tratarlas como si fuesen una minoría oprimida. Las ideologías de lo minoritario emplean la queja y el sentimiento de culpa ajena para lograr sus objetivos, sean éstos legítimos o no, eso verá cada cual. Pero en el caso de las personas gordas no sirve el argumento de la minoría que sufre el prejuicio de la sociedad mayoritaria, dado que los gordos empiezan a ser mayoría en algunas sociedades occidentales. En USA, de donde viene el grueso del movimiento Fat Acceptance, dos de cada tres useños está gordo u obeso, de manera que la gente en su peso se ha convertido en minoría. También de USA, sintomáticamente, proviene la crítica más intensa al movimiento, señalando su irracionalidad como ideología blanda, su promoción de malos hábitos de salud y su coste farmacéutico y hospitalario. Respecto de la población española, el año pasado la Revista Española de Cardiología publicó un estudio que arrojaba datos demoledores: el 39,3% de la población española tiene sobrepeso, y el 21,6% sufre obesidad.


Asimismo, es de esperar que de USA nos llegue la mayoría de memes críticas del movimiento Fat Acceptance, al que consideran una mera excusa para no cambiar de hábitos.

Este tema que estamos abordando se presta a un enfoque facilón al que me niego. No voy a limitarme a decir "menos plato y más zapato", "apaga la tele y apúntate al gym" o "las uvas están verdes". Tampoco voy a inflar el cuerpo del artículo con cientos de fotos de mujeres aberrantemente obesas y mucho menos a llamarlas "ballenas" o "morsas". Vamos a intentar razonar, entender y presentar alternativas. Y ha de ser así porque se puede discutir si el Fat Acceptance es una coartada o una resignación, pero lo que no se puede discutir es que es una ideología, y como tal tiene un conjunto de ideas-fuerza que se pueden discutir y eventualmente rebatir. Es también una ideología blanda, propia de nuestra época, una más de la miríada de ideologías que han sustituido a las ideologías duras y fuertes que querían englobar omnicomprensivamente toda la realidad humana. Las ideologías blandas son sectoriales, se limitan a una parcela de la realidad y se especializan en ella. Y todas ellas son rupturistas respecto del discurso tradicional que han conocido las naciones europeas y europeizadas en los últimos siglos. La ideología Fat Acceptance es rupturista respecto de una serie de valores europeos acrisolados, como la primacía de la razón y del dato sobre los sentimientos ofendidos, el autocontrol como camino a la verdadera libertad, y el canon estético humano de inspiración griega. De todas esas ideologías, con la que más concuerda el Fat Acceptance es con la ideología feminista.

El publicista alt-right Milo Yiannopoulos ha hecho notar en varios debates que la proporción de mujeres obesas en el feminismo es alarmante. Asimismo, ha comentado que las lesbianas tienden a ser obesas en mayor proporción que las heterosexuales. Los datos parecen avalar esto último. En cierto modo esas tres tendencias confluyen en la intención de "liberar a la mujer oprimida por las estructuras heteropatriarcales". Liberarla de la necesidad de un proveedor, liberarla del matrimonio hetero y de la procreación, y liberarla de los cánones clásicos de belleza promovidos por el gusto masculino.

Curiosamente, o no tan curiosamente, tanto el feminismo como el Fat Acceptance han tenido tres "olas" ideológicas, cada una más radical que la anterior, de manera que si uno analiza las primeras olas se puede estar de acuerdo en bastantes cosas, o al menos resultar razonables, pero conforme vienen la segunda y la tercera se hace muy difícil lograr algún punto de consenso. Además, parten del convencimiento de que el mundo está hecho para los hombres, por lo que en el seno de ese mundo creado para hombres la mujer sufre. Sin embargo, un observador imparcial ha de negar esto tajantemente. Nuestro mundo no ha sido creado para los hombres, sino por los hombres. Discutible, criticable, mejorable, pero así ha sido. ¿Que se podría haber creado un mundo mejor? Demuéstrenlo con hechos y con sus propias fuerzas, para que así salgamos nosotros -pobres machirulos falocéntricos- de nuestro lamentable error.

Así que, mientras esperamos que las ideologías blandas hipercríticas forjen un mundo nuevo mucho mejor que el que edificó el patriarcado heteruzo, centrémonos en la primera idea-fuerza del Fat Acceptance, la estética. Según sus publicistas, la gente que está gorda no concuerda con los cánones estéticos de belleza aceptados como hegemónicos en las sociedades occidentales, lo que hiere sus sentimientos y abate su autoestima. Pero la respuesta del Fat Acceptance es distinta según el sexo. Uno de los eslógans más célebres del movimiento ha sido "Real women have curves", procedente de una película homónima y que se popularizó hace aproximadamente dos décadas, coincidiendo con la proliferación de las top-models desnutridas y sin curvas en las pasarelas y portadas de revistas, siendo una especie de respuesta a aquella desagradable moda. Sin embargo, el eslógan es engañoso. Por una parte, las top-models esqueléticas que tienen que bambolear sobreactuadamente las caderas al cruzar la pasarela para aparentar algo de feminidad nunca han sido del interés del varón heterosexual bien hormonado, sino que fueron impuestas por una élite de modistos muchos de ellos sin interés sexual en mujeres. Por la otra, sigo a la espera de que triunfe el eslógan "Real men have curves", que ni está ni se le espera salvo en memes irónicos y cáusticos que demuestran la contradicción que supone pedir que se acepte como sexualmente deseable a la mujer gorda pero no al hombre gordo. Y en tercer lugar, una mujer no tiene que estar gorda para tener curvas. Los hombres tenemos nuestros gustos, y éstos siguen un determinado patrón, porque somos realidades biológicas y bien está que así sea. Nos gustan las curvas, pero las que indican estrogenización, no obesidad.



Dado que según las ideologías blandas todas las instituciones sociales son un capricho patriarcal sin base biológica, nuestras preferencias a la hora de enjuiciar la belleza femenina son un mero constructo social, creado por el capitalismo corporativo machista etc etc bla bla bla. Vamos, que los capitalistas y poderosos nos adoctrinan para que nos gusten los pibones, despreciando a las mujeres que no entren en ese canon. El hecho de que muchos de esos poderosos dejan a su primera mujer cambiándola por un pibón es ya un claro owned a semejante argumento. Pero, además, nuestra naturaleza biológica no es tan maleable y modificable como se creen los voceros de las ideologías blandas. Como decía en una lejana entrevista la cineasta izquierdista francesa Josiane Balasko, "la Naturaleza es muy reaccionaria", frase que se me quedó grabada hasta hoy. Parece que nuestra terca biología no cede ante las pretensiones de los ingenieros sociales progres tanto como quisieran, si bien ellos no cejan en su empeño y siguen gastando tiempo, energía y dinero de nuestros impuestos para que vayamos en contra de nosotros mismos. Es signo de nuestra época: en vez de una cosmovisión que aproveche nuestra realidad biológica haciéndola florecer y prosperar, tenemos múltiples ideologías blandas que van contra aquélla, sin terminar de vencerla y sin terminar de darse por vencidas, haciendo mucho daño en el proceso.

A despecho de esos aprendices de brujo, nosotros aún conservamos un núcleo de libre albedrío. Llevo desde que tengo uso de razón siendo consciente de innumerable publicidad que me insiste en que contrate un fondo de pensiones, y todavía no lo he hecho ni tengo intención de hacerlo en el futuro. ¿Por qué mis preferencias en mujeres están rígidamente predeterminadas por los mensajes del ambiente social y no mis preferencias en otro campo? A unos les gusta la playa y a otros la montaña. A unos la tortilla con cebolla y a otro sin. A unos el coche y a otros la moto. A unos hacer deporte y a otros rascarse la huevera viendo la tele. Tenemos un margen de decisión personal. Y si lo tenemos para lo demás, ¿no es razonable pensar que también lo tenemos a la hora de apreciar si una mujer es atractiva o no? Que nuestros gustos varoniles sean bastante similares  en este caso no invalida el razonamiento, pues existe una base biológica subyacente que nos lleva al consenso. Las mujeres más bellas de nuestra especie, y más concretamente aquéllas cuya belleza alcanza un consenso muy amplio, incluso casi universal, tienen rasgos comunes. 




Imágenes vistas en Pinterest. 

Con independencia de su origen étnico -abundando en ello, que sean de razas distintas potencia mi argumento-, estas mujeres lucen características similares que el varón sano bien hormonado aprecia como altamente atrayentes: edad idónea para gestar; rostro neoténico, de formas suaves y altamente simétrico, con mandíbula ovalada; cabello largo y con volumen; notable ratio cintura-caderas; y ausencia de sobrepeso.

Esa ausencia de sobrepeso tiene un sentido en la andadura de nuestra especie. Hemos sido cazadores-recolectores durante cientos de miles de años, lo que ha dejado su marca en las preferencias sexuales. Quizá si nos pasamos otros tantos cientos de miles de años sentados ante un electrodoméstico, tomando kilos de azúcar y bañándonos en estrés puede que los gustos generalizados sean de otro signo, pero el panorama actual no va a durar ni la milésima parte de ese tiempo, así que la realidad terminará por imponerse. Y la realidad de tantas generaciones tras generaciones sobre el planeta nos dice que la gente que está gorda tiene un serio hándicap para salir adelante en casi cualquier región. La gordura fue sin duda altamente contraproducente en una sociedad cazadora que exigía cuerpos atléticos habituados a la fatiga y dispuestos a acarrear las cargas que fuesen imprescindibles. Las mujeres solían ser recolectoras, lo que no exige un estado puntero de forma física, dando cierto margen a un poco más de índice de grasa corporal. Las mujeres comúnmente tenidas como bellas tienen un IGC moderado, pero un poco más alto que el de los varones considerados más apuestos, quienes antes de nada deben lucir abdominales y ausencia de papada, lo que necesita un IGC bastante más bajo.

En el Neolítico la gordura comenzó a socializarse. Por un lado, tres fenómenos vienen de la mano: proliferación de cultivos de vegetales comestibles ricos en féculas como los cereales, crecimiento acelerado de la población humana, y aparición de las ciudades como estructuras de gestión del exceso de cereal y de humanos. Una ciudad es básicamente un granero venido a más. Por el otro, las estructuras sociales se hacen más complejas y más peculiares, más alejadas de lo cotidiano. Quienes están en la cúspide son distintos de los líderes de las sociedades cazadoras. Mientras éstos se habían dejado la piel en su juventud rastreando, sangrando y venciendo, las élites neolíticas no cavan ni siembran ni riegan. Comienzan a existir estamentos que viven del trabajo físico de otros, a veces de manera justificada -el ejército, que permanece en sus cuarteles a la espera de ser útil en una guerra-, a menudo sin aportar nada -determinada nobleza rentista-, e incluso dedicada a perpetuar esa situación dándole carácter de designio divino -la casta sacerdotal-. Los nobles y los sacerdotes pueden permitirse ser obesos. Los hombres ricos de la época, detentadores de esclavos que hacen el trabajo físico por ellos, también. En la cúspide, los monarcas. Esa estratificación neolítica tan característica, en que cuanto más lejos del trabajo físico se está más rico se es, llegará a la cima con las monarquías absolutas, cuyo lema era que el cruce entre dos adolescentes de sendas líneas dinásticas, un individuo a menudo contrahecho e inútil, era rey nada menos que por la Gracia de Dios, como si Dios no tuviese otra cosa que hacer que bendecir la presencia en el trono de algún botarate endogámico, cojitranco y retrasado. No todos fueron así, obviamente, pero todos estaban en ese puesto por -se decía- voluntad del Padre.


Visto en Wikimedia Commons, autor James Gillray. El futuro Jorge IV, siendo príncipe de Gales. Impensable en las culturas cazadoras paleolíticas.

El mundo surgido tras la Revolución Neolítica tenía en la cima a quienes podían permitirse el lujo de volverse obesos, porque el desempeño de su cargo -dar órdenes, sellar documentos- no exigía forma física puntera, y en la base a quienes no podían porque trabajaban de sol a sol por lo justo para sobrevivir. Con todo, poco a poco los lujos alimenticios de los poderosos fueron calando en el resto de la población. Fue el caso del azúcar extraído de la caña, que hizo auténtico furor en la nobleza europea sustituyendo a la miel. La afición al azúcar, un cristal de sacarosa que hasta que pudo extraerse de la remolacha dependía de los cultivos de caña, se propagó entre la población de arriba abajo, en efecto goteo, unida a otras aficiones por nuevos productos como el cacao. Los hombres europeos llevaron la caña de azúcar a América y poco después asentaron allí a millones de africanos provenientes sobre todo del Golfo de Guinea  para que la cultivasen en régimen de esclavitud. El azúcar fue impulsor de expansiones imperiales, y su éxito agrícola llevó a su popularización y su bajada de precio, dejando de ser un producto de lujo. El té azucarado se difundió ampliamente entre los obreros ingleses de finales del XVIII, y así hasta hoy, donde todo tiene azúcar, o su variante "fructosa de maíz", hasta el punto de que quien esto escribe vio anunciada una vez "mayonesa sin azúcar": ¿pero desde cuándo las mayonesas han llevado azúcar?

El consumo de azúcar por el occidental medio se ha multiplicado como mínimo por 40 en tres siglos. Cómo no, es absurdo pretender que el azúcar tiene toda la culpa de la plaga de obesidad en Occidecadente. Se trata de un ejemplo.

La clave de todo esto estriba en que cuanto más alejado esté el humano de la intemperie de la Naturaleza, más podrá permitirse a sí mismo ser autoindulgente, siendo un exponente de esa autoindulgencia el cargarse de lorzas. Y la plaga de la obesidad se ha convertido en endémica en nuestras sociedades gracias a la llegada de los Estados-providencia maternales, que extienden una capa de protección buenista que nos impide apreciar la vida en su crudeza primigenia. Una humanidad afilada, tras décadas de asistencialismo y de sobrealimentación, se vuelve roma. Más aún, sectores sociales de bajo poder adquisitivo también padecen de obesidad. Con muy poco dinero se pueden adquirir comestibles altos en carbohidratos y comida-chatarra varia en cualquier supermercado. En la actualidad parece haberse invertido la escala de obesidad. Antes los ricos estaban gordos y los pobres estaban flacos. Ahora mucha gente pobre tiene sobrepeso o problemas de obesidad mientras que las élites políticas y económicas procuran estar delgadas y en forma.


Imagen vista en expertbeacon.com. La apariencia sana y radiante está a dos telediarios de convertirse en símbolo de estatus.

Centrándonos de nuevo en el tema Fat Acceptance, la base biológica necesaria que asocia en proporción directa la forma física y las posibilidades de seducción es evidente a todas luces. Los patrones de belleza femenina -se ha de insistir en la femenina porque el Fat Acceptance es muy mayoritariamente femenino- tienen predicamento universal a la hora de atraer a varones bien hormonados. No tiene nada de extraño que las shemales gasten recursos en remedar esos rasgos femeninos, desde lucir pelo largo y con volumen a potenciar la silueta reloj de arena. Tienen claro qué gusta a los hombres y concentran su metamorfosis personal en conseguirlo.

Pero la base biológica necesaria para estar en nuestro peso no es únicamente asunto de seducción sexual o amorosa, por mucho que sea importante y por mucho que resulte motivo de frustración si alguien se aleja mucho del canon tenido como atractivo. Es, primordialmente, asunto de salud. La obesidad es peligrosa, quizá más que fumar. Si hay un argumento número uno para dejar de estar obeso, es el de la salud.

El presente artículo no tiene como objetivo desgranar las consecuencias para la salud humana de la obesidad. Considero que resulta tan evidente y está tan popularizado que no puedo añadir nada más al respecto. Mi propósito es analizar y criticar el Fat Acceptance como ideología, no la obesidad como innegable fuente de problemas para el organismo. En principio, y dado que la obesidad es mal negocio para la salud, para las posibilidades de seducción y para más cosas -desde encontrar trabajo hasta la comodidad del día a día-, un movimiento que pretenda que "lo obeso es bello", y que tanto da que te sobren 50 kilos como que no, es muy fácil de ridiculizar y refutar, porque nos lo pone "a huevo". Pero el asunto tiene más miga porque es una ideología, y como tal ideología presenta batalla en el campo de las ideas. A esa batalla no podemos sustraernos porque el hueco de nuestra ausencia será cubierto por el enemigo.

El Fat Acceptance está siendo ampliamente discutido y rebatido en USA más que nada porque allí hizo antes su aparición. Todavía no ha llegado a España de una manera lo bastante amplia y publicitada. El Fat Acceptance es una de las varias avanzadillas de la última ola de ideologías progres que pretenden aprovechar la brecha abierta entre biología y sociedad, y que deben ser analizadas y contestadas como merecen. Así hice en el ensayo dedicado al movimiento Refugees Welcome, que inauguró una nueva etapa en el blog, con más atención a la actualidad. Los movimientos Fat Acceptance y Refugees Welcome no se parecen solamente en su izquierdismo y en su abrumadora presencia femenina, sino sobre todo que tienen su raíz en el olvido de la biología que exhibe el discurso sistémico, lo que obliga a la biología a manifestarse con maneras extrañas y retorcidas. El discurso sistémico quiere eliminar lo poco que resiste de la moral cristiana, liberal clásica y patriarcal, ocupando su hueco desparramándose cual ameba.



Visto en Wikimedia Commons. Usuario MatthiasKabel. Un temprano ejemplo de Fat Acceptance antes de las expansiones patriarcales, la Venus de Willendorf, vieja conocida del blog.

Para iniciar un análisis de lo que es la ideología Fat Acceptance tendremos primero que fijarnos en la denominación misma del movimiento. Gordura y aceptación. Pienso que en esa misma denominación podemos introducir una cuña que la abra en canal y deje al aire su debilidad y su contradicción discursiva. 

Me explico. Aceptar algo me parece fundamental. Hay que aceptar la realidad, las cosas como son, si queremos cambiarlas. ¿Estás estancado en tu trabajo? ¿No ves perspectivas para tu negocio? ¿Tu relación de pareja está en crisis? ¿Bebes demasiado? Sea cual sea tu problema personal, lo primero es aceptar que existe. Después, y sólo después, podrás desarrollar y aplicar las estrategias adecuadas para solucionarlo y salir victorioso. El punto A es "yo acepto".

Sin embargo, la aceptación de la gordura es algo distinto. No parece un primer paso, sino el postrero. Todos hemos conocido a personas que han sufrido de obesidad desde la infancia. No se les daban bien los deportes. Eran objeto de muchas burlas. Su volumen corporal les provocaba muchas incomodidades cotidianas y les vedaba el acceso a no pocos puestos de trabajo. Lo tenían más complicado para encontrar pareja de su agrado. Intentaron luchar contra esa obesidad, siguieron la dieta del pepino, luego la de la alcachofa, después un montón de "dietas-milagro" que abandonaban rápidamente muertos de hambre y debilitados, visitas al  endocrinólogo, bici estática, cuota del gimnasio, piscina, aeróbic, terapias alternativas .... permaneciendo la amplia mayoría de ellos en la misma circunstancia de obesidad. Y un día, cansados y hastiados, encuentran en YouTube a una chica gordita con gafas de pasta, el pelo teñido de azul, los labios pintados de negro y unos cuantos piercings y tatuajes, que les dice que ellos son hermosos como son y que tienen que aceptarse para dejar de sufrir, ignorando la "presión social" que les dice que deben adelgazar. Y se adhieren a esa ideología.

La aceptación como primer paso abre el camino del cambio personal, un camino arduo y fatigoso que al cabo del tiempo merecerá la pena haber transitado. La aceptación como paso último cierra la puerta a posibles cambios, sustituidos con toda clase de excusas: "soy de huesos anchos", "salgo a la familia", "no tengo tiempo para comer bien o para ir al gimnasio", "la muñeca Barbie traumatizó mi infancia", "los flacos son infelices", etc etc, hasta el definitivo "todos los cuerpos son hermosos y el mío también". La ideología Fat Acceptance añade a las excusas un discurso de baja categoría sobre estructuras patriarcales, opresión capitalista, mundo de la imagen y ramalazos magufos que como buena ideología postmoderna dice al nuevo adepto lo que éste quiere oír.

Si al lector le suena familiar el proceso psicológico que mucha gente obesa ha transitado hasta llegar a la aceptación final, es por un motivo: la aceptación resignada de la gordura sigue en buena medida el patrón del modelo de Kübler-Ross, o las cinco etapas del duelo.


La psiquiatra y ensayista suiza Elizabeth Kübler-Ross (1926-2004).

Esas etapas son: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. En ese orden. Ante una tragedia personal, ante una pérdida dolorosa, ante una enfermedad incurable, la persona primero lo niega, atravesando las siguientes etapas paulatinamente hasta que la fuerza de la realidad le lleva a resignarse a su situación, alcanzando un estado de serenidad. Esa aceptación final libera, porque evita que enfoquemos nuestra atención generadora de estrés y sufrimiento en algo que no podemos controlar, dejando que todo siga su curso natural.

La Fat Acceptance es la fase final del duelo en el caso de la gente que lo ha pasado mal, a lo largo de su vida, por su obesidad. Es su final del camino, que cierra el duelo y les permite continuar con el curso normal de las cosas.

Siendo así, habrá que decir que entonces el movimiento Fat Acceptance parte de un error básico. Ese error consiste en que, con excepciones debidas a procesos patológicos, la gordura no es un designio inexorable e incurable de la biología, sino una situación poco deseable que puede ser revertida tomando las iniciativas adecuadas y siendo persistente en ellas. Muchos obesos siguen las fases del duelo como si estuviesen condenados a sufrir de obesidad, lo que no es cierto. Por tanto, la ideología de la aceptación es tramposa desde su mismo nombre.

¿Pero cómo y, sobre todo, por qué una ideología blanda fácil de rebatir y que resulta contraproducente al querer disuadir a los obesos de que abandonen un estilo de vida que pone en serio riesgo su salud forma parte del discurso sistémico progre? Hay una serie de razones que expondremos a continuación:

-Es una ideología proclive al consumismo. El consumo es el motor de nuestra sociedad actual. Tiene que haber un consumo continuado de bienes y servicios para que siga girando la rueda de la economía. No importa que lo que se consuma sea suntuario, superfluo e incluso negativo para el consumidor. Lo que importa es que deje dinero en sectores empresariales dependientes del sistema de crédito mundial y en la tesorería de los Estados-providencia que gravan esos bienes y servicios con impuestos al consumo.

Por eso no ha habido con la impresionante epidemia de obesidad que nos rodea, y que se multiplica por dos en cada generación, la alarma social que se ha producido muchas veces con la anorexia, un problema de salud mucho menos usual. Las chicas anoréxicas son básicamente anticonsumistas, una amenaza no sólo para ellas mismas sino también para el sector alimentario. Sin embargo, para la obesidad siempre hay excusas. Pasa algo similar con el alcohol y el tabaco, sectores proconsumistas que dejan sustanciosa tajada en las arcas públicas. Con el tiempo, y para salvar esos sectores ante la evidencia de que el abuso de esas sustancias es muy peligroso, los Estados-providencia implementaron políticas para que no se descontrolase el tema, legislación antitabaco, endurecimiento de las penas por seguridad del tráfico, etc. Pero son negocio y los negocios no se pueden desmantelar desde dentro así como así.

-Su audiencia tiende a crecer. Las proyecciones sobre la población que será obesa para el 2050 y otros son inequívocas: el porcentaje de obesos en la población va a seguir marchando hacia arriba hasta convertirse entonces en casi mayoría absoluta en el grueso de los países occidentales. Eso supone un granero de votos para los partidos que tengan en sus filas a los principales ideólogos -ideólogas, más bien- del movimiento. Y es de imaginar que serán agasajadas por los Sánchez e Iglesias de turno que haya por entonces, formarán parte de la ejecutiva de los partidos más asistencialistas, su voz se oirá e intervendrán en la redacción de iniciativas políticas.

-Se puede vivir del activismo. Las youtubers, las publicistas, las activistas, las personalidades destacadas de Fat Acceptance ahora y en los próximos años serán iconos semi-sagrados dentro de un par de décadas si esto sigue así, si la obesidad sigue creciendo como lo hace y si ellas siguen en nuestro mundo. Seguramente las más avispadas de ellas lo tendrán en mente. Pero incluso ahora se puede vivir del tema. Para que un movimiento crezca hace falta que un puñado de gente pueda vivir de ese movimento para así dedicarse por entero a él y aparecer por todas partes. Ya hay activistas Fat Acceptance que son regularmente invitadas a programas, a charlas de motivación, e incluso a simposios donde la élite californiana populariza sus estrategias, como las TED Talks:


Aquí vemos a Kelli Jean Drinkwater, famosa activista de "radical body politics", explicando la movida en TED. Supongo que fue una noche calurosa, porque Kelli suda mucho y por momentos parece faltarle el aire.

Hay también ya "plus size models", que son chicas gordas con un rostro agraciado y cuyo sobrepeso no ha eliminado del todo la adecuada ratio cintura-caderas. La Fat Acceptance les ha dado a ellas la oportunidad de explotar profesionalmente lo que en principio era un hándicap para ganarse la vida en el mundillo de la belleza.

-Comparte rasgos con el discurso ideológico progre. Forma parte de la cultura de la irresponsabilidad que campea hoy día. Lo que estoy diciendo no va para la gente obesa que lo está por un serio problema de salud, sino para la que "se ha dejado ir" no poniéndose límites a sí misma, demostrando un exceso de autoindulgencia y una lamentable falta de autocontención.

Esa irresponsabilidad y esa autoindulgencia vienen acompañadas de un solipsismo según el cual todos los cuerpos son hermosos, todos sin excepción, y se debe exigir a los demás -siempre es a los demás a quienes se exige algo- que así lo crean o, al menos, que finjan creerlo. Ese solipsismo esconde el olvido de la biología. La obesidad cierra puertas laborales, amorosas, recreativas y de muchas otras clases. También vienen acompañadas de la promoción de la responsabilidad ajena, de la culpa ajena. La sociedad es la culpable. Eso genera una cultura de la queja cuyo objetivo es influir en los demás para que cedan, abriendo puertas y abriendo la billetera para "paliar desigualdades" sin contraargumentar que esas desigualdades pudieran estar justificadas y que también son paliables llevando una vida sana.

-Justifica la existencia del Estado-providencia. Una cultura de la irresponsabilidad y de la queja es una cultura del gasto público, en forma de subsidios y de políticas "integradoras". Además, la mala salud provocada por la obesidad tiene como consecuencia mayor gasto farmacéutico y hospitalario -incluida la prole de las gestantes obesas, más proclive a malformaciones de variado signo-, que en los países con sanidad pública implica que el Estado-providencia se justifica a sí mismo, demostrando que es necesario para evitar injusticias y para brindarnos bienestar. Cuando la sanidad pública es accesible y -aparentemente- gratuita, se abusa de ella. Eso es una realidad patente, también en España. Buena parte del volumen de trabajo y de gasto que la sanidad pública española tiene desaparecería si la población observase hábitos de vida saludables. Eso sería muy buena cosa para el contribuyente español -pagaría menos impuestos y el importe de la cuota de deuda soberana que le corresponde y que alguien ha firmado por él sería menor o por lo menos no seguiría incrementándose-, pero mala para un Estado-providencia que actúa como un ser vivo y que no quiere autoamputarse ningún tentáculo.

El elevado gasto público sanitario elevado es también negocio para el sector farmacéutico, porque funciona como proveedor de aquél. Además, entre la política y ese empresariado -llamado a veces FarMafia con notable mala uva- se da el fenómeno de las "puertas giratorias", o trasvase de personas destacadas de un sector que pasan a trabajar en el otro, habitualmente en cargos directivos, y viceversa. Esas puertas giratorias son menos escandalosas que las del sector energético, pero también las hay.

-Rompe con el discurso ideológico tradicional de los países europeos. Es lo esperable dado que la ideología Fat Acceptance forma un frente con el discurso sistémico progre y con la justificación del asistencialismo. ¿En qué puntos se manifiesta esa ruptura con las ideas que han vertebrado Europa durante siglos e incluso milenios?


  • En primer lugar, rompe con la idea tradicional de la responsabilidad individual por los propios actos. Ésa es una idea clásica que el cristianismo reforzó. Para el cristianismo no hay culpas difusas sociales, sino que cada humano es pecador y ha de responder por sus pecados. Además, el cuerpo es templo del espíritu y hay que cuidarlo. Si una persona ha estado durante años maltratando su cuerpo, ella es la responsable, no la sociedad ni sus ideales de belleza. Culpar a la sociedad es echar balones fuera. Pero el progresismo necesita una culpabilidad social difusa, para re-estimular su habitual patrón ideológico de la lucha de clases, ahora entre la gente que está en su peso y que por ello es privilegiada -el "thin privilege"- y los oprimidos "bigger bodies". También necesita esa culpabilidad difusa para llegar a la mente y al bolsillo de una gran cantidad de ciudadanos que no tienen responsabilidad alguna en la obesidad de sus vecinos. Mediante el cultivo del sentimiento de culpa, se engrasa la maquinaria de extracción de rentas de manera voluntaria, o si no coercitivamente por un Estado-providencia dominado por el discurso sistémico progre.
  • Asimismo, derivado de la anterior, rompe con la idea de capitalismo patriarcal, que está sustentado en la responsabilidad individual. La misma Kelli Jean en su perfil de Facebook tiene la meme ".... We eat the patriarchy" -cuidándose mucho, eso sí, de ir a países donde aún impera el patriarcado-. Es una ideología igualitaria, que demanda cuotas -por ahora principalmente en el sector de la imagen, consiguiendo por ejemplo más variedad en las Barbies, algo que no sé si las niñas demandaban-, y asistencialista, que implica gasto público, a cambio de decirnos que son seres humanos y que tienen sentimientos, algo que todos sabíamos ya. El antipatriarcalismo se aprecia especialmente en la muy elevada proporción de mujeres en la Fat Acceptance, algo que tiene su explicación.
  • Además, rompe con el canon clásico de belleza occidental, heredado de los griegos y que con pocas variaciones ha llegado hasta hoy. Para los antiguos griegos la belleza tenía una dimensión divinizante. En general el cultivo de la belleza en el arte era un canto a la Creación divina y a la filiación de nosotros los humanos respecto del Creador. En las sociedades ateizadas ese arte bello tiende a desaparecer porque carece de una motivación profunda. Si se niega a Dios, se niega Su obra y con ello se niega la belleza. Queda el camino libre para la proliferación de monigotes que parecen hechos por niños, manchurrones en paredes, esculturas de hierrajos retorcidos, heces enlatadas, música inaguantablemente atonal .... Si los cánones estéticos occidentales han sido pervertidos, tarde o temprano le tocaría el turno al canon de la belleza física. 
  • Finalmente, rompe con la idea cristiana de pecado. La virtud cristiana es la lucha contra los pecados, virtud que no está tan lejos de la promovida por otras filosofías tradicionales o escuelas como la estoica. La idea tradicional de lucha contra el pecado nos dice que pecar aleja de Dios, nos convierte en esclavos de lo peor de nosotros -o del Diablo, lo que quizá sea una misma cosa- y acaba siendo mal negocio porque el pecado se vuelve contra el pecador, destruyéndole. Todavía hoy el catálogo de los siete pecados capitales conserva su eficacia, dieciséis siglos después. Una persona tan irresponsable que no se cuida, comiendo glotonamente y no molestándose en autocontenerse o en moverse más, incurre en los pecados de gula y de pereza. También puede sentir la envidia de ver a gente con mucho mejor tipo, y la ira de que a ella no le traten igual que a esa gente. Finalmente, eso puede llevar a la soberbia de exigir a los demás que la quieran como es: gordita, glotona, perezosa, envidiosa e iracunda. Pero el discurso progre no ve eso como un ramillete de pecados, sino como "rasgos de personalidad fuerte" propios de "mujer empoderada". Si no hay Dios, no puede haber pecados. Curiosamente, parece haber una conexión entre baja religiosidad y malos hábitos de salud.


Crédito: New Line Productions, Inc, visto en el blog pyxurd.blogspot.com. El meollo dialéctico del clásico noventero "Se7en" (1995, David Fincher) es que la sociedad occidental ha olvidado completamente la noción de pecado. Para el asesino John Doe la ley divina expresada en los siete pecados capitales sigue vigente, dado que Dios sigue vigente también, mientras que la gente vive en el error de haberle dado la espalda. Significativamente, John Doe es un varón delgado.

Llegados a este punto, hay que preguntarse por qué la ideología Fat Acceptance es abrumadoramente femenina. La opinión más habitual que me ha llegado desde la Anglosfera es que las mujeres sufren más presión social para alcanzar el Thin Ideal que los hombres, que en las portadas de las revistas salen mujeres delgadas a menudo afirmando "cómo perdí 40 kilos" o "cómo recuperé en seguida mi figura tras tener a mi hijo", nuevamente la muñeca Barbie, etc. Es cierto que existe presión de índole estética sobre la mujer, una presión que puede llegar a ser tóxica y que necesita alternativas, pero seamos justos y admitamos que la presión social para que las mujeres estén monísimas no las empuja necesariamente a la obesidad. Se diría incluso que esa presión social es usada como excusa por algunas mujeres gordas para evitar un cambio de estilo de vida.

También los hombres sufrimos presión social por nuestro físico. También los hombres gordos podrían justificarse diciendo que están traumatizados por Brad Pitt, Liam Hemsworth, las películas de superhéroes mazados, Cristiano Ronaldo cuando se quita la camiseta, las portadas de Men's Health y un interminable etcétera. Sin embargo, aquí no se utiliza el argumento. La presión social debería llevar en oleadas a muchos señores obesos a militar en el activismo Fat Acceptance, pero eso no ocurre.

La razón es biológica. Como expliqué en el ensayo sobre testosterona e invasión, la masculinidad es un lujo biológico porque para mantener una población estable de humanos no hacen falta tantos varones como hay -a nivel planetario tienen una human sex ratio ligeramente superior al número de mujeres-. Unos pocos varones pueden fecundar a muchísimas mujeres. Por tanto, para mantener estables los números demográficos ha de mantenerse estable el recuento de úteros, mientras que la masculinidad sobrante se ha ido desfogando históricamente de mil maneras, a menudo relacionadas con la muerte prematura -el guerrero, el explorador, el esclavo manual- o con celibatos voluntarios -el sacerdote- e involuntarios -el mendigo-. Nuestra especie no ha cambiado gran cosa en ese aspecto, de manera que el útero pesa más que la masculinidad y se le da más importancia.

El otro motivo, igualmente biológico, es que se ha recuperado la estructura primigenia de seducción, en que un 20% de Alfas polarizan el interés del 80% de mujeres, siguiendo el principio de Pareto, con lo que el poder decisorio de elección y discriminación respecto del 60% de hombres desemparejados -otro 20% de hombres se emparejan de manera duradera con el 20% de mujeres- se vuelve extremadamente desigual. En el terreno de la seducción una chica que valga un 3 sobre 10, por ejemplo, equivale a un chico que vale un  7 sobre 10. Una chica gordita tiene más margen de discriminación del que tendría en una estructura de seducción marcada por el patriarcalismo -se entiende que la ideología Fat Acceptance lo odie-, lo que le da un poder de influencia social mayor.

Contemplado el panorama con un enfoque esotérico, se entiende por qué ha regresado la Venus obesa. Ha regresado la Gran Madre, la diosa ginárquica, la Pachamama, la que no se preocupa del destino de los varones, la que nos encuentra prescindibles salvo para usarnos y tirarnos. Por eso nosotros hemos orientado nuestra mirada al Padre del Cielo. El progresismo quiere destruir el patriarcado para conseguir que apartemos nuestra mirada del Cielo y que vuelva a estar a ras de tierra. El Padre es patriarcado, lo que significa empoderamiento del varón, una blasfemia para las adeptas al culto de la Venus primordial. El final del patriarcado ha permitido el regreso de la diosa.


Las caras de estupor que provocan en USA los argumentos Fat Acceptance, próximamente en España.


La ideología Fat Acceptance está a punto de llegar aquí. Todo lo que a nivel progre se cuece en USA tarda un poco en calar en tierras iberas, pero tarde o temprano nos alcanza. Dentro de un tiempo, quizá no mucho, tendremos debates sobre el tema. Cuanto más obesa siga haciéndose la población española -recordemos el dato del principio del artículo: la gente con sobrepeso + obesidad ya es mayoritaria en USA y va camino de serlo en España-, más nos acercaremos al punto crítico de irrupción de esta ideología que parece bienintencionada pero cuyas ramificaciones van mucho más allá de lo que parece. Un clavo más en el ataúd de la Europa cristiana.

¿Qué hacer? No soy el más indicado para decirlo, aunque creo que estoy siendo de los primeros en avisar al personal de que esta ideología aparentemente anecdótica va a penetrar en nuestro pueblo, y que conviene cargarse de razones y argumentos para combatirla. El progresismo da la batalla en el campo de las ideas, una batalla a la que no podemos sustraernos. Tenemos que ganarla y no debemos ceder en nada. Cada concesión es tomada por ellos y ellas como una demostración de debilidad, de ánimo dubitativo. Tenemos que mantener bien engrasada la máquina dialéctica.

Ok, admitido. Soy varón blanco. Me gustan las mujeres. Me mantengo con mi trabajo. No percibo subsidios. Hago deporte. Creo en Cristo y en la Virgen. Ah, y soy pro-Israel. Todo eso me convierte a ojos del discurso sistémico progre en una especie de monstruo horrendo peor que Hitler, Franco y Satanás juntos. Pues bien, durante el tiempo del día que no dedico a oprimir a minorías, a desplegar microagresiones, a herir sentimientos y a promover que se vendan las escuelas y hospitales públicos a Monsanto, le dedico algo de atención a este blog que promueve la batalla de las ideas, y os digo que:

-No permitáis que os vendan una ideología que ignora olímpicamente los problemas de salud de las personas obesas, así como sus costes en recursos.

-No permitáis la entronización de cualquier chorrada foránea sólo porque en España nunca se ha hablado de ella.

-No permitáis que defiendan la autoindulgencia frente a la autocontención.

-No permitáis que os sobrecarguen con más gasto público del que ya pesa sobre vuestro dinero.

-No permitáis la victoria del sentimiento contrariado sobre el dato frío.

-No permitáis que os pillen sin argumentos.

-No permitáis el olvido de la biología ni el de los pecados capitales.


Sic vidi res, amigos.


18 comentarios:

  1. Muy buenas, es la primera vez que tengo noticias de este "movimiento", pero me parece una cabeza más de la insaciable Hidra Progre que va devorando todo lo que queda de la civilización cristiana occidental. De lo que si tenía noticia en ciertos foros y blogs de tipo MGTOW es del "Milf Acceptance", es decir que las mujeres vean como algo deseable socialmente el llegar a ser cuarentonas o cincuentonas "empoderadas" solteronas, sin hijos (o madres solteras) y, por supuesto, con mascota.Y que los hombres a su vez encontremos sexualmente deseables a las que en culturas más patriarcales serían consideradas como viejas. No quiero decir que no haya mujeres cuarentonas o de mayor edad que puedan resultar sexualmente atractivas por supuesto que las hay, pero en general a los hombres en general no nos atraen las "Milf" a las cuales biológicamente ya hace mucho que se les ha pasado el arroz,sino las veinteañeras en su cenit de fertilidad. Pues bien, parece que el sistema está empeñado en que nos atraiga todo aquello que va en contra de nuestra fascista y heteropatriarcal naturaleza. Por cierto no deja de ser curioso que las mismas feministas que invocan a la Pachamama, y a la Gran Madre, a la vez la tilden de "reaccionaria".

    Creo Hombre-Lupa que das en el clavo al comentar el origen mayoritariamente femenino o feminista de todo este ramillete de movimientos post-marxistas desde el "Welcome Refugges", al "Fat Acceptance", pasando por el "LGTB", todos ellos tienen en común que son profundamente anti-cristianos y anti-varón blanco occidental.Si ahora es normal ver a los LGTB o a los y las feministas haciendo piña con los "refugees" pronto se les unirán los "activistas fat", y todos los que están por venir, todos ellos unidos en su común "opresión" por el heteropatriarcado cristo-fascista blanco. Todos ellos seguirán proclamando su "orgullo" de ser diferentes, al mismo tiempo que exigirán "igualdad", pero a su vez privilegios y discriminaciones positivas y subvenciones por estar "oprimidos" que fluirán como un torrente de los bolsillos de los betas "opresores" hacia las arcas del Estado Providencia para seguir regando con dinero público el negocio de los "oprimidos" y los cientos y miles de ONGs, chiringuitos y observatorios contra la homofobia, la islamofobia, y la "obesofobia". Solo nos queda calcular hasta cuando se va a poder seguir inflando esta burbuja de la misandria anticristiana hasta que estalle definitivamente.

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    1. Sí, es como dices, poco puedo añadir. ¡Salud!

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  2. He conocido a mujeres gordas MUY atractivas. Sin embargo su atractivo ha sido a pesar de su obesidad y no gracias a ella, al contrario. En etapas en las que bajan un poco de peso se ven mucho mejor pero no es un estado que logren mantener.
    Ya conocía la lucha contra la gordofobia, que es como lo he visto nombrar en español y dónde quiera que aparecen ocurre lo mismo: mujeres gordas y tristes apoyándola, un montón de memes ridiculizándolas y esporádicas refutaciones bien redactadas con mucho sentido común y datos concretos. A diferencia de los anti-gordófobos que solo apelan a los sentimientos y al victimismo.

    ¿Para cuándo la entrada sobre aumentar la testo?

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    1. En cuanto tenga tiempo para redactar largo y tendido la pongo.

      Una de mis mejores amigas es obesa. Lleva meses diciéndome que se va a apuntar a clases de zumba, que eso le mola, pero lleva meses no apuntándose. Una pena, porque de cara es guapa a rabiar, y en el tema salud tanto peso extra le pasará factura.

      Cuando la chica que ha adelgazado no sostiene su nuevo estado es porque no es sostenible, lo más probable porque está basado en privaciones -pasar hambre, en general, o mantenerse con palitos de zanahoria y esas cosas- que tarde o temprano ceden por mucha fuerza de voluntad que se tenga.

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  3. En facebook existe una pagina hispana que sigue esa misma ideológica.
    https://www.facebook.com/stopgordofobia/?fref=ts

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    1. No tiene desperdicio, incluidos los comentarios de los chicos. Facepalm total. Pero bueno, si son felices ....

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  4. Off-topic, y como lo había prometido, tenía en cartera un artículo sobre cómo potenciar la testo, así como otros sobre MGTOW, la burbuja nocturna y alguno más. Como sus temáticas son convergentes, he decidido refundirlas en un Manifiesto MGTOW que será como mínimo igual de tocho que el de testosterona e invasión, y donde meteré todo. Casi no hay nada sobre neomasculinidad en castellano, por lo que he podido leer, así que no se hable más, Manifiesto en preparación.

    Iba a escribir algo sobre esa página de la capitalista Facebook, pero para qué. Que sigan luchando contra el "fascismo" con fotos tomando el sol en la playa. Llevo toda la vida viendo a mujeres gordas en la playa, y ahora resulta que eso es un acto antifascista. Pensaba que luchar contra el fascismo era remojarse los gayumbos en Anzio y Normandía, pero se conoce que estaba equivocado. Bueno, pues eso.

    ¡Salud, amigos! Permaneced viriles y fuertes.

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    1. "Antifascista" tomar el sol en la playa con las lorzas colgando :D, madre mía, si yo fuera un veterano superviviente de la Segunda Guerra Mundial los denunciaba directamente, aunque bueno, prefiero esos "antifascistas" a los perroflautas que van en manada a pegarles palizas a la gente por llevar una pulsera con la bandera de España.

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    2. Es pensamiento mágico. Si te sacas una foto en bikini destruyes al sistema, cuando el sistema realmente se refuerza así. Es lo que decía Marvin Harris de los hippies, que estaban embrujados con la creencia de que acabarían con el complejo industrial-militar con besos y mermelada de cacahuete casera. Esto igual, es el mismo pensamiento mágico por analogía.

      Hay un link a dos chicas, creo que se llama "binomio mujeril", en el que dicen que antes tuvimos lucha obrera, luego emancipación colonial, y ahora una nueva forma de lucha que consiste, por lo que he visto, en fotos de dos chicas en la ducha enjabonándose. La lucha obrera se hizo poniendo las pelotas sobre la mesa, enzarzándose a tiros con los matones de la patronal, convocando huelgas, jugándose el tipo virilmente, etc. Si la lucha obrera hubiera consistido en hacerse fotos mostrando michelines y carnes caídas, seguiríamos de siervos de la gleba y nuestros hijos deshollinando chimeneas por medio chelín.

      Olvidan que fotografiarse duchándose con agua caliente y jabón y colgarlo en Internet no es algo que ha caído del cielo. Lo han hecho hombres, encontrando y aprovechando gas, canalizando agua, fabricando las estructuras, inventando la fotografía digital, creando los protocolos de Internet y mucha tecnología más. Todo eso ha sido mayoritariamente creado con el talento, la dedicación, la fuerza muscular, la persistencia y el dinero de muchos hombres.

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    3. Hay algo que me une a las "luchadoras antifascistas" BBW. El cuerpo como espacio político, como mensaje al mundo. Con mi aspecto estoy afirmando una cosmovisión, dejando una impronta, al igual que ellas. Estoy señalando una escala de valores.

      En mi caso el "body activism" pasa por la calistenia -reforzada con las pesas: llevo ya unos meses bombeando hierro- y la buena alimentación. Mi activismo corporal tiene una dimensión política. Estoy proponiendo una alternativa al sistema, como ellas. Sólo que mi propuesta es de Neomasculinidad. Creo que el cuerpo es templo de Dios, así como un medio de manifestación en el mundo. La mente manda. Pero no es que la mente someta al cuerpo. No creo en ese dualismo. Más bien una parte de la mente somete a la otra, a la voz de la debilidad, del abandono, del "no vas a poder". ¡Claro que voy a poder! Y tú también, lector.

      Levántate del barro y sé algo, sé un hombre. ¡Salud!

      Manifiesto neomasculinista ya en redacción. Ojalá os gusté.

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  5. Llevo desde que escribí esta entrada siendo más consciente de cómo está el tema. Estoy "viendo más gordos". Es como si lo que escribí me hubiera despertado a mí primero, quiero decir -a ver cómo lo explico- que antes ya veía a gente gorda por la calle, siempre soy consciente de cómo es la gente con la que me cruzo, su complexión, si aparentan su edad, si les vendría bien entrenar -siempre viene bien en realidad-, cómo estarán en diez años, etc. Pero desde hace unos días es como, no sé, como si hubiera más. Siguen siendo los mismos, pero ahora soy más consciente. Realmente las cifras para la población española no están equivocadas. Diría incluso que pueden haberse quedado algo cortas.

    Vivo en un barrio más bien obrero, y trabajo en un barrio de mayor poder adquisitivo. Sí, pilláis lo que quiero decir: donde hay más incidencia de obesidad, a tenor de la gente que se ve por la calle, es en el barrio obrero, no en el pijo -hay también más presencia de población inmigrante y de gente tatuada, entre otros signos distintivos-. Ya lo dije en la entrada, el aspecto sano está a punto de ser una señal de estatus. Tenemos un problema muy serio encima. Sólo falta que nos vengan a decir que no hay problema en absoluto, que es un invento heteropatriarcal. Charlatanes.

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  6. "el aspecto sano está a punto de ser una señal de estatus"
    yo creo que eso ya ocurre desde hace un tiempo

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  7. Sports Illustrated se apunta al "Fat Acceptance", cosas veredes:

    http://www.standard.co.uk/news/world/row-breaks-out-after-medical-experts-accuse-sports-illustrated-of-celebrating-obesity-with-plussize-a3603851.html

    Y han recibido una airada contestación por parte del sector médico. Quizá demasiado airada porque he mirado las fotos y gente muy obesa no se veía, chicas gorditas, algunas con un par de tallas más, pero viene a ser una especie de Ventana de Overton para ir acostumbrándonos a una tendencia social que tiene consecuencias para la salud y que por ahora parece casi imparable a juzgar por los datos.

    Los comentarios al artículo son jugosos. Como de costumbre, los comentarios siempre son más interesantes que las noticias. Por eso a menudo los cierran.

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  8. La aceptación es algo positivo, creo que lo mencionas en el artículo. Es triste ver a un adolescente evitando socializar debido a la obesidad. Por eso es normal que le aconsejen aceptarse como es y no ser prisionero de los complejos. Pero el "Fat Acceptance" es absurdo. Las ideologías con sello progre parecen diseñadas por un troll empeñado en hacerle todo el daño posible a la sociedad.

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    1. La verdad es que existe una gran distancia entre la sana aceptación de uno mismo y el concepto progre de "aceptación". No es lo mismo decir, "vale, reconozco que soy obeso, lo acepto y como me quiero y me respeto a mi mismo asumo mi responsabilidad y haré un esfuerzo por mejorar mi aspecto y mi salud". El progre diría " soy una víctima del heteropatriarcado obesófobo fascista,estoy orgulloso de ser obeso pero quiero que se reconozca mi "igualdad" con subvenciones y discriminaciones positivas del Estado de las que no gozarán los heterobesófobos fascistas opresores".

      El primero como se quiere y se respeta a si mismo, asume su responsabilidad e intenta mejorar, el progre, ni se quiere ni se respeta ni asume ninguna responsabilidad individual, sino que opta por la vía más cómoda de delegar la responsabilidad en la sociedad, el heteropatriarcado, el capitalismo,o cualquier otro concepto abstracto a los que culpará de sus males y exigirá un trato de "igualdad" pero al mismo tiempo diferenciado y privilegiado con respecto al resto de la sociedad "opresora". El primero es el camino hacia la autosuperación personal, es decir el camino del hombre que es dueño de si mismo y de su destino y lucha por superar los obstáculos que aparecen en su vida, el segundo conduce directamente hacia el infantilismo perpetuo, el sectarismo, la histeria y la degradación física y moral, en otras palabras hacia el lado oscuro.

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    2. Es así. Aceptar para cambiar, no para evitar molestarse en cambiar o peor: aceptar para exigir cambios a los demás. Que nos acepten a nosotros, que acepten nuestras opiniones y NUESTROS DATOS, que por ser datos son de todos y por eso se los ofrecemos, y que acepten nuestros gustos "fascistas" con las mujeres.

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  9. El feminismo y los activistas de la gordofobia, son tan ridículos que cuesta creer que pueden convencer a alguien.
    https://www.youtube.com/watch?v=umllT4zyYnk

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    1. Bueno, ya ni sé de qué son activistas ésos, salvo de hacer versiones salchicheras de clásicos añejos del pop. Prefiero no saber cómo has llegado hasta ese vídeo XD

      La chica ya no dice "puedes fiarte de mí, de mis grupos de whatsapp, de cuando voy por ahí a bailar o de mis amigos". Ya dice directamente "no te metas".

      Generación hedonista y muy muy blanda. Sólo pueden vivir en retaguardia. Pero incluso esas retaguardias están dejando de ser seguras.

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